lunes, 3 de enero de 2011

Cap.25 Chantaje

-Evelyn, despierta, te has dormido, ya estamos en tu casa.
-¿Qué hora es?
-Las cinco ¿Te reñirá tu madre?
-No creo, estará dormida.
-Bueno, pues mañana te llamo.
-Claro-me dio un beso, un intenso beso, y me bajé.
Me despedí con la mano y se fue.
Entré despacio en mi casa y subí a mi habitación. En el baño, me quité la pintura con unas toallitas desmaquilladoras y me puse el pijama. Luego me lavé los dientes y volví a mi habitación.
Estaba cansada, pero aún así me conecté al Tuenti. Tenía algunas cosas, entre ellas, un mensaje privado de Clara.
#Clara Torres: “te vas a arrepentir de lo que has hecho hija de puta, está todo grabado. ¡A tu amiga y a ti se os va a caer el pelo! ¡Espero que le vaya bien donde tiene que estar, en la cárcel! Aunque claro, hay una forma en la que el vídeo no llegara a la policía…”
¡Qué hija de puta! Me va a meter en un lío… joder, tengo que avisar a Xiza… ¿Qué querrá decir con eso de que hay una forma…? Le voy a contestar.
#Yo: “a la cara no eras tan valiente, guapa. Bueno, a lo que iba, ¿qué quieres decir con lo de la forma? Es un chantaje, ¿verdad? ¿Qué se supone que tendría que hacer?”
Apenas enviarlo, me habló Laura.
Laura: ¡Cariño! ¡Has desaparecido!
Yo: me fui con Zac.
Laura: yo creo que le estás dando demasiadas ilusiones…
Yo: ¿Cómo?
Laura: sí, le haces creer que vas a estar con él, pero, ¿realmente vas a hacerlo?
Yo: ay Laura, yo que sé… puede que mañana dé el paso.
Laura: genial 
Iba a contarle a Laura lo que me había pasado, pero me dijo que tenía que irse.
Vi que tenía otro mensaje privado.
#Clara Torres: “Jaja, muy lista para ser rubia, ¿no? Vas a tener que hacerme caso en todo, y me refiero a ¡TODO! Para empezar, no puedes contarle esto a nadie, ¡¡N.A.D.I.E!! Y por lo pronto, mañana en el parque de al lado de mi casa a las seis, ¿vale? ¡NO TARDES!”
Pero si ella también es rubia, cómo puede decirme eso…
En ese momento, en la cabeza me rondaban tantas cosas, que decidí acostarme.

Mañana
Me desperté sobre las once, tras una mala noche.
Bajé abajo para comer algo, y no había nadie. Encontré una nota encima de la mesa.
“Cielo, hemos ido a tomarnos algo. Puedes hacerte una pizza, o algo. Un beso.”
Pues nada, me toca cocinar. Estarán por lo menos hasta por la tarde. Me hice un vaso de leche caliente y me puse a ver la televisión en el sofá.
Como era de esperar, me quedé dormida. Me despertó el móvil a las dos y media. Puse el altavoz y fui hacia la cocina a hacerme una pizza. Solté el móvil en la encimera y me puse manos a la obra.
-Buenos días princesa, ¿cómo estás?
-Bien, no me puedo quejar-mentí, con lo de Clara no podía estar bien.
-Entonces, ¿podemos ir al cine esta tarde?
-Lo siento, no puedo ir.
-¿Por qué? Vamos, que invito yo.
-Que no puedo, Zac.
-¿De verdad? Pero, ¿te han castigado?
-¡Te he dicho que no puedo!
Se hizo el silencio unos minutos.
-Claro, no pasa nada. Ya te llamaré después.
Pi, Pi, Pi…
Joder, Zac debe odiarme. Soy lo peor. O mejor dicho, Clara es lo peor.
Seguí cocinándome la pizza con mis ralladuras de cabeza.
Comí viendo Los Simpsons y subí a mi habitación. Para desconectar un poco, me puse a leer con la música a tope.
Hasta que, la alarma me avisó que eran las cinco, y debía vestirme.
Me levanté y me di una ducha rápida. No me esmeré mucho en escoger la ropa, así que me puse unos vaqueros, una camiseta negra y mis converse blancas. Cogí mis llaves, y mi móvil. La casa y el parque no estaban tan lejos, y no tardé en llegar. Cuando llegué aún no estaba, por lo que me senté en el banco en el que solíamos sentarnos cuando veníamos a este parque. Tardó unos diez minutos en llegar.
-Vaya, al menos puntual, igual me pienso no putearte tanto.
-Menos cuentos guapita, ¿qué quieres?

Cap.24 Estrellas en la playa

Esa noche hacía aire fresco, lo recuerdo bien. Óscar y yo nos encontrábamos en el capó del coche de Dani, en silencio.
-Bueno, no sé, di algo ¿no?
-Tú querías hablar.
-Cierto, eh… ¿sabes por qué he venido, no?
-Sí, algo me dijiste antes.
-Pero no tengo nada que hacer, ¿verdad?
-Óscar joder, es que te follaste a mi amiga…
-Ya, y no sabes cuánto me arrepiento.
-Mira Óscar, me ha costado mucho, pero he aprendido a estar sin ti.
-No te preocupes. Supongo que al final del verano volveré a mi ciudad.
-Pero sin malos rollos, ¿vale?
-Claro-vino y me abrazó-Te quiere.
-¿Qué?
-Que te quiere.
-¿Quién?
-El chico moreno, se nota que te quiere mucho, y tú a él.
-¿Yo?
-Sí. Te conozco, se te nota en la forma en que lo miras.
-Bueno, pues gracias por la información-nos levantamos dispuestos a irnos.
-¿Vas para dentro?
-No, me voy con Zac.
-Vale, ya nos veremos.
Él se fue para adentro y yo me fui hacia el coche de Zac.
Entré y le di un pico apurado.
-Vaya, ¿y esto?
-No sé, lo hago por la forma de mirarte.
-Lo que tú digas. ¡Estás loca!-arrancó el coche y nos perdimos en la noche.
Casi me quedo dormida, pues no sabíamos adonde ir.
-Evelyn, ya hemos llegado.
Abrí los ojos y encontré su cara frente a la mía.
-¡Coño! Me has asustado.
-¿Tan feo soy?
-Eso será. ¿Dónde estamos?
-En la playa.
-Pero…
-Estamos sobre la arena. Si echara el coche unos 15 metros hacia adelante estaríamos en el agua.
-Estás loco.
-Seguro.
Bajé del coche y me quité los zapatos.
Hacía viento, pero la temperatura era agradable.
Zac me tomaría por una loca, pero empecé a correr por la arena.
-¡Uuuu!-comencé a gritar.
El viento mecía mi pelo y me acariciaba la cara.
Y yo pensaba que me tomaría por una loca… Zac también se quitó los zapatos y empezó a correr hacia donde yo estaba. Sin darnos cuenta, comenzó a ser una carrera. Hasta que, me empujó y yo comencé a perseguirlo a él.
Pero, en un intento de huir yo de él, tropecé y me caí. Zac, tan suertudo como es, tropezó conmigo y cayó a mi lado.
-¡Ay! Me he jodido el tobillo-dijo.
-¿Estás bien?
-Sí, no es nada.
-Oye, que no quiero llenarme de arena.
Me levanté, me sacudí y lo ayudé a levantarse a él.
-Tengo una idea.
-¿Cuál?
-Tú ven.
Le hice caso y fui. De repente, se quitó el polo dejando ver sus abdominales.
-Pero, ¿qué haces? Así no me conquistarás-añadí risueña.
-Calla.
Se puso detrás de mí y me vendó los ojos con el polo.
-Me das miedo.
-Confía en mí.
No sé porqué, pero un escalofrío me recorrió la espalda.
-Ya está. ¿Ves algo?
-Sí, una película… ¿cómo quieres que vea? Me acabas de vendar los ojos, que casi me arrancas media cabeza.
-Eres una borde.
-Bah.
-No te sueltes.
-¿Qué no me suelte cóm…?
No pude terminar la oración ya que me vi suspendida en el aire.
-¡Eh, suéltame!
-No, si lo hiciera sabrías mi idea.
-Venga, a ver si adivino… vas a traerme a Zac Efron, ¿no?
-Bueno, a mí me llamas Efron-dijo mientras estábamos en movimiento.
Tenía la piel cálida y suave. Pareció notar que lo tocaba, pues escuché su risa.
-¿Te gusta?
-¿El qué?
-Tocar mi pecho.
-Bah, no te creas-escuché de nuevo su risa-¿falta mucho?
-¿Para qué?
-Para la “sorpresa”.
-Pues no sé, cuando dejes de moverte y de hablar te lo enseño.
-Pero ¿no estamos andando?
-Qué va, llevamos un rato parados-mierda, no me había dado ni cuenta.
-Bueno pues venga, quiero verlo.
Entonces sí noté movimiento. Me montó en un sitio, y luego en otro más alto con mucho cuidado.
-No te muevas.
-Vale-pero como tonta que soy, me eché un poco hacia atrás, y al notar vacío chillé. Casi me caigo, pero él volvió a echarme hacia adelante.
-Son sólo dos minutos.
Algo fino me tocó la mano y yo me tomé la libertad de descubrir qué era. Era algo parecido a una sábana. De repente, me lo arrebataron.
-¡Eh!-me quejé.
-Lo necesito.
-Joder…
En cuestión de segundos vi pasar mi vida por delante de mí. Algo empezó a rugir y vibrar debajo de mí. Empecé a gritar, y entonces lo entendí. Yo estaba sobre el coche y lo había arrancado.
-¡Eh, eh! Tranquila, estoy aquí-dijo y me abrazó por detrás.
-¡Bájame de aquí!-me hizo caso.
-Relájate. Ven, sigue mi voz y mis pasos.
Seguí andando hasta que me paró.
Me tumbó sobre una sábana y pude oír música, seguramente desde el coche.
-Mira-fue lo último que escuché antes de que me quitase el polo de los ojos.
Lo primero que vi fueron las estrellas. Muchas estrellas. Entonces me vino a la cabeza una canción de una película de mi infancia.
“Mira y verás como el cielo es azul, cierra los ojos describe su luz. Millones de estrellas brillando a la vez, en tu mirada se ve”.
Preciosa película, y preciosa canción.
-Son bonitas, ¡eh!
-Sí, pero no hacía falta que e vendaras.
-Entonces no tiene gracia…
-Qué gracioso. Toma, póntela-le di el polo para que se lo pusiera.
-Sí, que empieza a hacer frío-lo cogió y se lo puso.
Nos quedamos mucho tiempo allí tumbados. Yo tenía apoyada mi cabeza sobre el pecho de Zac.
-Evelyn, igual esto no es de mi incumbencia, pero de todas formas te lo pregunto. ¿Qué quería Óscar exactamente?
-Pues la verdad, de tu incumbencia no es… pero te lo diré igual. Ha venido con la intención de volver con migo, y según mi contestación se iría a su ciudad o no.
-Entonces… ¿se va a ir?-forma indirecta de preguntar mi contestación a Óscar.
-Pues sí, se pira.
Dio un suspiro de alivio y me abrazó.
-Mejor.
-¿Por qué?
-Por que ha sido llegar y meterte en peleas.
-Bueno, no fue intencionadamente.
-Ya… por cierto, la has dejado hecha mierda, ¡eh!
-Se lo merecía. Hizo lo peor que podía haber hecho.
-¿El qué?
-Tocarme lo que era mío.

Cap.23 Si no me separan, la mato

-Zac, ¡deja que te explique!-Zac y yo estábamos a solas en esa habitación que minutos antes estaba llena.
-No tienes que darme explicaciones, eres libre. Tú y yo no salimos juntos. Sólo quiero saber una cosa. ¿Por qué? ¿Por qué me dejaste besarte, si estabas con alguien?
¿Por qué no me lo contaste?
-Pero déjame explicarte, joder. ¡No estoy con nadie! Cuando te fuiste, en mi casa estaba Óscar, mi ex novio. Ha venido y quería verme. Fuimos al McDonald y al Starbucks, sólo eso.
-¿Por qué no me contaste que venía?
-Yo no lo sabía.
-Lo siento… por un momento me he sentido utilizado.
-Yo no te haría eso…`
-A mi primo se lo has hecho.
-Él sabía que yo no quería nada. Fue un simple royo.
-Y yo, ¿qué soy yo para ti?
Aunque hubiese querido contestar, habría resultado difícil, ya que Laura entró nerviosa por la puerta.
-Laura… está abajo…
Sólo me hizo falta ver su cara para saber lo que quería decir: Óscar estaba abajo.
-Gracias Laura, ahora bajamos.
Laura cerró la puerta y volvió a bajar.
-¿Quién hay abajo?
-Zac, abajo está Óscar-se puso más serio-pero tranquilo, yo vengo contigo, y no tiene porqué pasar nada.
-Vámonos-se acercó a mí y me cogió por la cintura.
Bajamos abajo y nos costó encontrar a mis amigos, porque aquello estaba abarrotado. Al llegar, estaban todos, y Óscar hablaba con Sergio.
-¡Hola!-grité para que me oyeran.
Todos sonrieron y siguieron bailando, excepto Óscar, que vino hacia mí y me abrazó. Zac estaba a mi lado, y no le hizo gracia.
-Óscar, te presento a Zac-le dije al oído.
Óscar le tendió la mano y Zac se la estrechó.
-Evelyn, voy a por algo de beber, ¿quieres algo?
-Lo mismo de antes, JB cola.
-Ahora vengo-dijo y me besó. Fue un pico apurado, pero yo sé porque lo hizo. Luego, se fue dejándome con Óscar.
-Vaya, veo que no estás sola.
-No estoy con él, no sé…-no sabía bien qué decirle-realmente, no sé qué somos…
-Bueno, no tienes que darme explicaciones. No te voy a mentir, he vuelto porque te echo de menos. No pude venir antes por el curso, pero ahora que he terminado el curso he podido venir. Pero por lo que veo, llego tarde.
-No te ofendas, pero no tienes derecho a pedirme nada de eso.
-Lo sé.
Zac llegó con las bebidas y volvimos a la habitación.
Allí nos encontramos con alguien que no esperaba ver.
-¡¿Óscar?! ¿Eres tú?-me giré y no daba crédito a lo que veía. Había vuelto.
Laura se vino a mi lado porque sabía que se podía liar.
-Claro que soy yo-dijo Óscar sonriendo-¿no estabas en París?
-Sí, pero el curso ha terminado-dijo Clara-sólo tenía que estar tres semanas allí.-sólo en ese momento, se percató de mi presencia-Vaya Evelyn, no te había visto. Muy guapa, has cambiado.
Clara estaba vestida como una puta, con sus dos amigas.
-Sí, he cambiado. No como otras-dije con una sonrisa forzada.
-Vaya, cómo está el ambiente. ¿Aún no me has perdonado? Sólo fue un polvo, nada serio. ¿Verdad, Óscar?-dijo cogiéndole un moflete-No te preocupes, que fue sólo eso, un polvo.
-Típico de putas-al oír eso, toda la atención de la habitación se dirigió hacia nosotras. Estábamos de pie, rodeadas por las miradas de los demás.
-¿Qué me has llamado?
-¡Puta!
-¿Yo? ¡Tú sí que eres puta! Si no que se lo digan a él-dijo señalando a Zac.
Me tiré sobre ella agarrándola por los pelos. La golpeé por todos lados, hasta que alguien me apartó. Las manos me sangraban, pero no era sangre mía, si no suya.
-¡Soltadme, que la mato!-grité alterada.
En poco tiempo aquello estaba lleno de gente. César vino y nos sacó de allí, a todos. Zac se lo explicó todo y dijo que volveríamos a entrar cuando nos tranquilizásemos.
Pero yo, no quería tranquilizarme, y me fui en busca de Clara.
-¡Ven aquí!
Volví a engancharla por los pelos hacia atrás y una vez en el suelo me tiré encima de ella y la golpeé hasta el punto de dolerme los puños. Ella chillaba e intentaba cubrirse, y en un intento de apartarme me dio un manotazo y me arañó el cuello bajo la oreja.
Zac volvió a sujetarme por detrás, y cuando Clara se levantó para venir en busca mía, Xiza la cogió por detrás. Pero Clara, tan chula ella, le pegó un codazo a Xiza para librarse de su abrazo.
Xiza, consciente de que si le pegaba podían denunciarla al ser mayor de edad, cogió el primer cubata que pilló y se lo echó por encima. Clara, acabó empapada, con el labio partido por mí, más un ojo morado, ya que un hielo del cubata que le tiró Xiza, le dio en el ojo.
Dani se llevó a Xiza de allí, y yo me acerqué a Clara.
-¡No Evelyn! ¡Ven aquí!-gritó Sergio.
-Sólo voy a hablar-le quité una botella de cerveza a un tío que observa la escena y fui en busca de clara-si tienes coño, le dices a alguien que lo del ojo ha sido Xiza. Yo sólo te advierto de las consecuencias-rompí la botella agarrándola por el mango y se la puse en el cuello, noté que temblaba-todo, y repito TODO te lo he hecho yo, ¿entendido?
Ella no contestaba, en sus ojos se veía rabia y dolor, pero también miedo.
-Suéltala Evelyn-Zac me cogió y me llevó al coche de Dani, adonde estaban Dani y Xiza.
-¿Estás bien?-pregunté a Xiza sentándome a su lado en el capó del coche.
-Físicamente sí, pero temo a que esa zorra me denuncie, le he dejado un ojo morado.
-Y yo un labio partido, y la moral por los suelos-las dos nos reímos.
-Pero tú eres menor de edad, yo no.
-Le he dejado claro que lo del ojo he sido yo.
-¿Cómo?-Xiza no daba crédito a lo que oía.
-sí-contestó Zac por mí-le ha puesto una botella rota al cuello para dejarlo claro que tú no tienes la culpa.
-Muchas gracias-dijo y me abrazó.
-Toma Evelyn-me dijo Dani-tengo aquí una botella de agua para que te limpies.
-¿Quieres volver a entrar?-me preguntó Zac.
-No, prefiero que nos perdamos por ahí-le sonreí y me devolvió la sonrisa. De repente, llegaron todos a nuestra posición, Laura y María José fueron las primeras en abrazarme.
-¡Qué palizón le has dado!-gritó Sergio divertido.
Detrás de todos, apareció Óscar.
-Evelyn, yo no quería que pasara esto… yo… lo siento.
-Creo que deberíamos irnos-dijo alguien, ni siquiera sé quién, y se fueron yendo poco a poco despidiéndose de nosotros.
Zac se acercó a mí y me susurró al oído “te espero en mi coche” y se fue.
Una vez solos, Óscar y yo pudimos hablar más tranquilos.

Cap.22 Javi, el bocazas

En el coche hacía mucho calor, y tuve que abrir la ventana. Nos dirigíamos a una pizzería a comer, ya que no me había dado tiempo a comer, ni a él tampoco.
Iba súper guapo, para comérselo. Llevaba unos vaqueros ajustados y un polo color crema.
-¿Sabes? Vas preciosa.
-Tú sí que vas guapo. Me encanta este coche.
-Lo sé. Se te nota porque se te ve feliz al montarte.
-Quizás sea por la compañía-sonrió y le devolví la sonrisa.
En poco rato estuvimos allí. Entramos y nos sentamos a esperar al camarero.
-¿Qué quieren para beber?-preguntó una camarera morena que no le quitaba ojo de encima a Zac.
-Yo una cerveza-contestó Zac decidido.
-Yo una coca-cola-la camarera le dio la carta a Zac y se fue.
-¿Coca-cola? Valla, chica light.
-Sí, pero más light era la mirada de esa chica mirándote, ¡eh! Incluso me pareció que te guiñaba un ojo.
-¿Celosa?
-Más quisieras. Además, ¿light? ¿Acaso no te acuerdas de la noche en la que te conocí?
-No me acordaba. Pero vamos, que espero que no me toque siempre cuidarte.
-No, si yo tampoco. Sobre todo porque a la mínima me besas.
-Venga ya Evelyn, si te encantó.
Me reí, e igual eso fue precisamente lo que me delató.
-¿Han decidido ya qué quieren comer?
-Sí-contesté primero y no le dejé ni hablar-una pizza Margarita, por favor.
-A mí una cuatro quesos.
-¿Se le puede ofrecer algo más?-dijo la chica.
-Al número de teléfono, ¿te refieres?-contesté divertida-Pues no, gracias. Se las basta solito el muchacho.
La chica me miró avergonzada y se fue.
-¿Por qué has hecho eso?
-¿El qué?
-No dejarme hablar.
-Es que yo soy más decidida.
-Eso espero, que te decidas pronto, porque creo que te he dejado las cosas bien claras.
Se hizo el silencio por un momento. Gracias a Dios, nos trajeron las bebidas. Claro, que no fue la morena. Nos envió a otro camarero.
-Lo siento, es que nos falta personal y no damos abasto.
-No importa, pero si las pizas no tardaran tanto…
-Haremos lo que podamos-se fue y volvimos a quedarnos solos.
-Bueno, ¿qué planes hay para luego?-preguntó.
-Pues no lo sé. Podemos ir a “La Topaccio”
“La Topaccio” es una discoteca italiana en la que los jóvenes bailamos, bebemos, etc. Lo normal de una discoteca. La entrada está prohibida a menores de diecisiete años, pero los de dieciséis años solíamos entrar, no sé, quizás sólo pusieron esa norma para que no fueran chicos de catorce y quince años.
-Tomen, sus pizzas.
Por fin, tenía mucha hambre. Y menos mal que me alimenté bien, pues en ese momento no sabía la falta que me haría más tarde.
Terminamos de comer y pagamos. Me costó siete euros la comida y la bebida. Luego, nos fuimos de allí.
-¿Habrá mucha gente?-pregunté ya en el coche.
-Seguro, los sábados suele haber mucha gente.
-¿Qué hora es?
-Las doce y media.
-Genial-dije y sonreí con ganas.
En breve llegamos a “La Topaccio” y aparcamos cerca de la puerta.
En la entrada había una cola de gente enorme y dos porteros, habría alguna fiesta.
-Joder, tiene que estar hasta las trancas de gente.
-No te preocupes, ven-me cogió de la mano y nos acercamos a un portero.
El portero era un tío ancho, vestido de negro, con un auricular en la oreja.
-¡César! Cuánto tiempo, ¿cómo va la cosa?
-¡Hombre, Zac! ¡Cómo has crecido! Pues va muy bien, aquí currando, ¿y tú?
-Aquí con una amiga que venía a echar unos bailes. Mira, ella es Evelyn-le di dos besos-y él es César.
-Encantada-añadí.
-Igualmente-sonrió-venir por aquí-nos pasó por la puerta y nos abrió otra más adentro. Por detrás, se escuchaban quejas y protestas de la gente de la cola. Yo miré hacia atrás y sonreí. Ya estábamos cerca, podía oír la música. Anduvimos por un pasillo muy largo hasta llegar a la puerta de acceso a la discoteca. César nos abrió la puerta y nos dio unas tarjetas.
-Tomad, valen por una copa, ¡divertiros!
-Gracias César, de verdad. Me alegra verte.
César sonrió y se volvió hacia la puerta.
Zac me agarró por la cintura y me fue guiando hacia la barra.
-¿De qué lo conoces?
-Un viejo amigo de la familia.
La discoteca era inmensa. Tenía su zona de baile, y algunas especies de habitaciones en unas plantas superiores con sofás y mesa, y las paredes acristaladas, para estar con tus amigos. También puedes alquilar habitaciones con camas para la intimidad.
-¿Qué os pongo?
-JB con coca-cola-dije yo chillando un poco para que pudiera oírme.
-Yo quiero Barceló con coca-cola.
Zac le entregó las tarjetas y en poco tiempo nos trajeron las bebidas.
Fuimos a la pista de baile. Bailamos un rato, mientras nos bebíamos el cubata. Luego miramos hacia arriba, para ver si en las habitaciones había alguien de nuestro grupito y, efectivamente, allí estaban. Sólo pudimos ver a Xiza desde nuestra posición, pero nos sobraba. Si estaba ella, estarían los demás. Subimos arriba y llamamos a la puerta de cristal. Nos abrieron y nos saludaron todos.
Estaban todos: María José, Adrián, Xiza, Dani, Laura, Sergio, incluso Elena. Sí, Javi también estaba allí. Guapísimo, por cierto. Llevaba puestos unos vaqueros y una camisa a cuadros azules y blancos. Tenía una cara un tanto extraña, no había escarmentado, iba borracho.
-Tengo que hablar contigo-dijo Javi señalándome.
-¿Ahora?
-Y aquí.
-Está bien. Tú dirás.
Zac se encontraba a mi lado, cogiéndome por la cintura.
Javi se levantó y se puso frente a nosotros. En pocos minutos, toda la atención de la habitación era nuestra.
-Hoy te he visto. En la puerta de tu casa, con un moreno, ¡morreándote!-Zac me miró de reojo sonriendo, y Sergio hizo lo mismo-Luego volví a verte con él, estabas en el Starbucks-de repente me entró un escalofrío y los músculos de Zac se tensaron. Sentía sus ojos clavados en mí-Sólo quiero que sepas que no voy a dejar que le hagas a mi primo lo mismo que a mí, ¡no vas a jugar con él! Zac, ¡está con otro!
Genial, Javi me había jodido, pero bien.

Cap.21 Hermanas de sangre... y cotilleos

Me encontraba en mi habitación, sobre mi cama, con los auriculares y un libro. En mis oídos entraba la leve melodía de un piano. El libro era “Tres metros sobre el cielo”. Qué claro lo ve Babi, la protagonista del libro. Step es un gamberro y un violento, y a pesar de ello y de sus diferencias, están juntos y se quieren.
Al recordar las palabras de óscar, estremecí de nuevo.
Cuando lo dijo no daba crédito a lo que oía, me quedé atónita… “Puede que si encuentro una razón para quedarme, lo haga”.
De repente, empezó a vibrar algo sobre mi barriga.
Era Zac. Puse el altavoz para poder seguir leyendo.
-Hola Zac.
-Hola guapísima.
Se hizo el silencio por un momento.
-Estuve esperando a que te conectaras.
-No he estado en casa.
-Pero si te solté allí-como si lo hubiera olvidado.
-Digamos que me esperaban en casa.
-Bueno, ¿podemos vernos hoy?
-Claro, pásate sobre las diez.
-Pues hasta esta noche, preciosa.
-Chao.
Colgué el teléfono.
Miré el reloj, eran las ocho y media, así que aún tenía tiempo.
Dejé el libro sobre la cama y me fui hacia el cuarto de baño para ducharme. Estuve metida bastante tiempo, y me sentó muy bien.
Al volver a la habitación, mi sobrino estaba dormido sobre mi cama. “Me habrá estado esperando y no habrá aguantado” pensé.
Le di un beso y lo tapé con una fina sábana que cogí del armario. Luego, rebusqué algo para ponerme.
No tenía ni idea y me probé muchas cosas.
-Mmm… ¿Vestido azul? No, ese mejor no… ¿Pantalones y camisa? No… ¡Ya sé!
Saqué del armario mi peto azul eléctrico. Se trata de un peto de pantalones cortos y tirantas, ajustado al cuerpo. Cogí del cajón de zapatos mis tacones negros, y una pequeña cinta negra de un cajón superior.
Me puse un sostén sin tirantas y las primeras bragas que cogí. Luego, me puse el peto y tuve que bajar abajo para que me abrocharan la cremallera de atrás. Al volver a subir, ya estaba David despierto.
-¿Dónde vas? ¡Yo quiero ir!
-No puedes, porque voy a un sitio de mayores.
-Da igual, yo voy.
-Madre mía David no empieces… esta mañana te llevé al parque y te compré un helado.
-Mentira, me lo compró Zac.
-Bueno, pues otro día lo llamo y volvemos a ir a dar una vuelta. Podemos pasear a Tobi, por ejemplo.
-¡Pero si Tobi es más grande que yo!-dijo riéndose a carcajadas.
-Pero Zac está muy fuerte y sí que puede.
-Vale.
Por fin, lo conseguí. O eso pensaba.
-¿Mañana?
-David, como me enfade no te llevo nunca más.
-¡Tonta!-dijo y salió corriendo.
Antes de que volviera, cerré la puerta con pestillo. Porque volvería.
Volví a lo mío, que era arreglarme. Me puse la cinta negra al cuello, haciéndome un pequeño lazo bajo la oreja derecha.
Me puse las zapatillas de andar por casa y fui al baño a maquillarme y peinarme. De peinado, me hice una coleta alta y en el flequillo, un tupé. Me tomé mi tiempo para maquillarme, y mereció la pena. Los ojos me resaltaban, con la raya, el rímel, y el pequeño toque de azul difuminado, para que no pareciera un puñetazo.
-¡Evelyn!-me llamó una voz a través de la puerta. Era Selena.
Abrí la puerta y volví al espejo.
-¿Cómo fue el paseo esta mañana?
-Bien, ¿no te lo ha contado tu hijo?
-Me ha contado algo sobre un tal Zac, pero esperaba que me lo dijeras tú.
-Ahora mismo no puedo, porque tengo que irme.
-Qué fuerte…
Escuché el pitido de un coche, se me había hecho tarde.
A mi hermana le había faltado tiempo para asomarse corriendo por la ventana del pasillo.
-¡Pues es mono!
-Mira, tu hijo, ¡corre con él!
David vino corriendo a mi habitación y empezó a gritar.
-¡Abajo está tu novio!
Mierda, ahora Selena sacará las cosas de su sitio.
-David, ya te he dicho que no es mi novio.
Como vi que no me iban a dejar tranquila, me fui.
Abajo, cogí un bolso y metí mis llaves y mi móvil. Luego, fui al salón.
-Mamá, voy a salir, ¿me das dinero?
-¿Adónde vas?
-Por ahí.
-¿Con quién?
-Con Zac.
-Creí que te ibas con Óscar.
-He estado toda la tarde con él.
-Evelyn, tenemos que hablar.
-¿De qué?-ala, encima charlita. Y Zac en la puerta.
-Tu comportamiento… has cambiado.
-Mamá, tengo que irme, ¿vas a darme el dinero o no?
-Toma-dijo y me alargó un billete de veinte euros-no vuelvas tarde, por favor.
-Tú no me esperes despierta.
Lo sé, la trataba muy mal. Pero es que desde que me pegó, la cosa ha cambiado.
Salí por la puerta y me encontré con mi Efron y su espléndida sonrisa.

Cap.20 Encuentros inesperados

No me lo podía creer… ¿qué coño hacía él aquí?
-Hola Bebi-sí, como él solía llamarme.
Allí estaba Óscar, con unos vaqueros, una camiseta blanca a rayas azules y sus Ray-Ban en la cabeza.
Al verlo, mi corazón dio un vuelco y me entró un escalofrío. Todos los momentos vividos, las caricias, los besos… Su mirada, tan penetrante como siempre, como la recordaba. Su pelo alborotado, su cuerpo perfectamente trabajado.
-Mira cielo, cuándo tiempo que no lo veíamos ¡eh!
Mi madre no sabía nada de lo que nos pasó, ella cree que lo dejamos por su mudanza a otra ciudad.
-Hola-fue lo único que me atreví a decir.
-Bueno, yo voy a por algo para picar y así os dejo solos, que tendréis mucho de qué hablar.
Mi madre se fue hacia la cocina con sus típicos andares.
-Estás preciosa-su voz, tan dulce y cálida.
-Gracias. Oye, ¿prefieres que vayamos a algún sitio? No me apetece estar aquí.
-Claro, tengo fuera mi moto.
-¡Mamá, no prepares nada, nos vamos!-grité mientras salía por la puerta.
Al llegar afuera vi la moto sobre la acera que había enfrente de mi casa. Era una Honda CBR-600.
-¿No te darán miedo las motos?
-Más quisieras. Recuerda que hasta hace unos meses era mi vía de transporte-dije dedicándole una verdadera sonrisa. Sé que me había hecho daño, pero no podía evitarlo, era MI Óscar-ahora suelo ir más en coche-sonreí para mí misma ante esa frase.
Me puse un casco que me pasó y me monté detrás de él.
-¿Dónde vamos?
-Ya lo verás, ¡agárrate Bebi!
Hice caso a lo que me dijo y me agarré fuertemente a su cuerpo, posando mis manos sobre su vientre. Podía notar perfectamente sus abdominales a través de la camiseta.
Ir en moto era increíble, el viento mecía mi pelo y acariciaba mi cara.
Yo siempre había querido una moto, pero a mi madre le dan miedo.
-Ya casi hemos llegado-me dijo girando la cara.
Fue reduciendo poco a poco la marcha hasta que se paró.
Entonces fue cuando reconocí el lugar. Estábamos en el restaurante adonde me había llegado en nuestro primer aniversario.
-Óscar, ¿qué hacemos aquí?-pregunté, un poco nerviosa.
-Nada, como es la hora de comer pensé que podía invitarte.
-Sí, pero no aquí… yo me voy.
-Bebi, por favor, déjame invitarte a comer, aunque no sea aquí…
-¡Pero yo elijo el sitio!
-Hecho-mierda, lo había hecho… Óscar había sonreído.
Con esa sonrisa que tanto ansiaba ver. Lo malo, es que ya no podría olvidarla.
Volví a montarme en su moto y lo guié hasta el local adonde quería comer. Acabamos en el Mc Donald.
-¿Este es tu sitio ideal para comer?
-Parece que no me conoces.
Entramos en el local y nos pedimos cada uno un menú.
Ya en la mesa, comenzamos a charlar.
-¿Cómo va la cosa por allí?-pregunté como la que no quiere la cosa. En realidad la pregunta era, “¿tienes novia?”
-Bueno, pues no va nada mal. Me acabo de sacar el graduado, aunque me ha costado, y ahora no sé qué haré.
-Pues estamos igual.
-Pero tú tienes más recursos, hay más cosas que se te dan bien que a mí.
-Ya… y, ¿qué pasó con Clara?
-No te lo creerás, pero sabía que me lo preguntarías.
-Es normal que lo haga, ¿no?
-Bueno, en parte sí. Pues tras aquel… no sé cómo decirlo.
-Polvo-contesté decidida.
-Suceso, queda mejor. No me hacía mucho caso, y yo al contarme mi madre la posibilidad de irme a la otra ciudad, acepté sin pensarlo. Ya había perdido lo más importante de mi vida.
-Claro, Clara ya no te echaba cuenta.
-Qué dices boba, me refería a ti.
-Si yo era lo más importante de tu vida, ¿por qué lo hiciste?
-No lo sé, Bebi… fue todo tan rápido… Clara vino a mi casa diciéndome que tenía que hablar con migo.
-Es una puta.
-No te lo niego-sonrió y me agarró la mano.
Si no separaba la mano en pocos segundos, pasaría algo grave.
-Óscar, quiero irme, por favor.
-¿Ya? Permíteme invitarte a una cosa más.
-¿A qué te refieres?
Volvimos a salir y nos montamos en la moto.
-¿Vas a decirme dónde vamos?
-Al Starbucks.
¡Genial! Me encantaban los batidos de chocolate del Starbucks, con nata montada y chocolate encima.
Óscar, los prefería de caramelo.
Tras pedir el batido, nos sentamos en una mesa en la terraza del local.
-¿Cómo está tu familia? O sea, David, Jenny, Selena…
-Bueno, no están nada mal-sonreí al acordarme de esa misma mañana con Zac y los niños en el parque y la heladería.
-Me alegro-dijo y dio un largo sorbo a su batido.
-Oye, ¿hasta cuándo te quedas?
-Bueno, a decir verdad, no lo sé. Puede que si encuentro una razón para quedarme, lo haga.

Cap.19 Futuro deseado

La situación era perfecta. Como ver el futuro.
Zac conduciendo, con esa carita de concentrado, cantando a todo volumen las canciones que iban saliendo en “Europa FM”. Detrás, un niño en cada extremo con sus cinturones abrochados mirando por las ventanas.
Y yo, delante de copiloto con una sonrisa de oreja a oreja sin poder ocultarlo.
-Te ha comido la lengua el gato, ¿no?-preguntó Zac y los niños se rieron.
-No, sólo pensaba.
Sí… era como ver el futuro… pero el futuro que yo quería.
O no… ¿quién sabe? Ni si quiera yo.
De repente me vino a la cabeza la imagen de Javi.
Tenía que ir a verlo, y hablar con él, pues apenas hacía unos días que me había liado con él y había tenido relaciones sexuales con él. Además, por nada del mundo quería perder su amistad.
Zac me miraba interesado. Quizás un intento de leer las facciones de mi cara.
-¿Qué miras?
-Evelyn, ya hemos aparcado.
Ni siquiera me había percatado que el coche no estaba en marcha.
-¿Y los niños?
-En el parque.
Zac nos había vuelto a traer al parque del principio.
-Pero, ¿qué hora es?
-Las doce y media, les da tiempo a jugar un rato más.
Bajamos del coche y nos sentamos en un banco del parque.
-He estado pensando en ir a ver a Javi.
-Tú verás lo que haces, te metes en la boca del lobo.
-No creo.
No articuló palabra alguna y se hizo el silencio.
Zac estaba preocupado, creía que yo iba a volver con Javi. ¿Lo haría? Tendría que reflexionarlo. Reflexión, ¿qué es eso? Quizás pararte a pensar en tus actos y decidir si son buenos o no. ¿Para qué? Quién sabe, siempre te rayas y lo pasas muy mal. ¿Quién dice que hay que reflexionar? ¿Quién decide realmente lo que es bueno y lo que no? No lo sé. Yo no soy filósofa ni nada de eso, pero quiero hacer las cosas bien… o quizás no.
Después de reflexionar, sólo hay un hecho que está claro, el dolor de cabeza.
Los niños jugaban felices en el parque. Qué tiempos aquellos, cuando nuestra preocupación era ponerse el primero en la fila, o ser el capitán en algún juego… Sin pensar en problemas de otro tipo. A ellos, con un simple caramelo les arreglas el día.
-Evelyn, es casi la hora de comer, ¿os llevo?
-Sí, gracias. ¡David, Jenny, nos vamos!-grité.
Me costó, pero con la ayuda de Zac conseguí llevármelos.
Ya en el coche, Zac sacó una conversación que yo sabía que tarde o temprano sacaría.
-Entonces, vuelves con mi primo, ¿no?
-Ya empezamos… Zac, no tengo que darte explicaciones, y en el caso de dártelas, no te interesarían.
-Ya me sé la respuesta-dijo sonriendo.
-¿Cómo?
-A ver Evelyn, hay una razón, por la que si tú no eres tonta, no volverás a irte con él.
-¿Y se puede saber qué razón es?
-Te gusto-dijo poniendo cada de indiferencia y divertida a la vez-es simple, te gusto.
-Oh, vamos… no digas tonterías-dije y le giré la cara.
En poco tiempo estuvimos allí y los niños bajaron corriendo.
-¿Sigues encabezonada en que no te gusto?
-Es que no me gustas.
-Ay cariño… que negarlo es la forma más directa de afirmarlo.
-Lo que tú digas-salí del coche y él hizo lo mismo.
-Evelyn espera-dijo desde detrás de mí aproximándose a mí.
-¡¿Qué?!-dije y me giré.
Cosa que igual no debía haber hecho. O sí. El caso es que Zac me besó. Posó sus labios sobre los míos de una forma cariñosa y salvaje a la vez. Menudo beso, sin dudarlo, mucho mejor que cuando iba borracha.
Intenté apartarlo, pero él se opuso. Me abrazó por la cintura y yo cansada de intentar apartarlo, lo abracé por el cuello. Nuestras lenguas se unieron formando una. Ninguno de los dos queríamos separarnos, queríamos que el tiempo se parara y que el beso nunca terminara.
Pero claro, tenía que terminar en algún momento, y el momento fue cuando mi sobrino vino corriendo y empezó a gritar.
-¡Ves como has cambiado de novio!
Nos separamos al momento, y nos reímos.
-Yo debería irme-dijo Zac sonrojado.
-Claro, ya hablaremos.
-Después te llamo-me guiñó un ojo y se fue hacia su coche.
Ya dispuesta a meterme en casa, me llamaron por detrás.
-¡Evelyn!
-Ah, hola Sergio-¿nos habría visto?
-¿Qué tal pillina?-Sí, me había visto.
-No sé a qué te refieres.
-Vamos, que te he visto.
-Esto… ni se te ocurra contárselo a nadie.
-¡Pero Evelyn!-dijo mientras yo me alejaba.
Entré en casa y cerré la puerta detrás de mí.
Dios mío… ¿qué había hecho? ¡Había besado a Zac! Bueno… ¡Zac me había besado! Estaba en las nubes…
Al llegar al salón vi alguien que no esperaba ver.
-Cielo, ¡mira quién ha venido!