lunes, 3 de enero de 2011

Cap.21 Hermanas de sangre... y cotilleos

Me encontraba en mi habitación, sobre mi cama, con los auriculares y un libro. En mis oídos entraba la leve melodía de un piano. El libro era “Tres metros sobre el cielo”. Qué claro lo ve Babi, la protagonista del libro. Step es un gamberro y un violento, y a pesar de ello y de sus diferencias, están juntos y se quieren.
Al recordar las palabras de óscar, estremecí de nuevo.
Cuando lo dijo no daba crédito a lo que oía, me quedé atónita… “Puede que si encuentro una razón para quedarme, lo haga”.
De repente, empezó a vibrar algo sobre mi barriga.
Era Zac. Puse el altavoz para poder seguir leyendo.
-Hola Zac.
-Hola guapísima.
Se hizo el silencio por un momento.
-Estuve esperando a que te conectaras.
-No he estado en casa.
-Pero si te solté allí-como si lo hubiera olvidado.
-Digamos que me esperaban en casa.
-Bueno, ¿podemos vernos hoy?
-Claro, pásate sobre las diez.
-Pues hasta esta noche, preciosa.
-Chao.
Colgué el teléfono.
Miré el reloj, eran las ocho y media, así que aún tenía tiempo.
Dejé el libro sobre la cama y me fui hacia el cuarto de baño para ducharme. Estuve metida bastante tiempo, y me sentó muy bien.
Al volver a la habitación, mi sobrino estaba dormido sobre mi cama. “Me habrá estado esperando y no habrá aguantado” pensé.
Le di un beso y lo tapé con una fina sábana que cogí del armario. Luego, rebusqué algo para ponerme.
No tenía ni idea y me probé muchas cosas.
-Mmm… ¿Vestido azul? No, ese mejor no… ¿Pantalones y camisa? No… ¡Ya sé!
Saqué del armario mi peto azul eléctrico. Se trata de un peto de pantalones cortos y tirantas, ajustado al cuerpo. Cogí del cajón de zapatos mis tacones negros, y una pequeña cinta negra de un cajón superior.
Me puse un sostén sin tirantas y las primeras bragas que cogí. Luego, me puse el peto y tuve que bajar abajo para que me abrocharan la cremallera de atrás. Al volver a subir, ya estaba David despierto.
-¿Dónde vas? ¡Yo quiero ir!
-No puedes, porque voy a un sitio de mayores.
-Da igual, yo voy.
-Madre mía David no empieces… esta mañana te llevé al parque y te compré un helado.
-Mentira, me lo compró Zac.
-Bueno, pues otro día lo llamo y volvemos a ir a dar una vuelta. Podemos pasear a Tobi, por ejemplo.
-¡Pero si Tobi es más grande que yo!-dijo riéndose a carcajadas.
-Pero Zac está muy fuerte y sí que puede.
-Vale.
Por fin, lo conseguí. O eso pensaba.
-¿Mañana?
-David, como me enfade no te llevo nunca más.
-¡Tonta!-dijo y salió corriendo.
Antes de que volviera, cerré la puerta con pestillo. Porque volvería.
Volví a lo mío, que era arreglarme. Me puse la cinta negra al cuello, haciéndome un pequeño lazo bajo la oreja derecha.
Me puse las zapatillas de andar por casa y fui al baño a maquillarme y peinarme. De peinado, me hice una coleta alta y en el flequillo, un tupé. Me tomé mi tiempo para maquillarme, y mereció la pena. Los ojos me resaltaban, con la raya, el rímel, y el pequeño toque de azul difuminado, para que no pareciera un puñetazo.
-¡Evelyn!-me llamó una voz a través de la puerta. Era Selena.
Abrí la puerta y volví al espejo.
-¿Cómo fue el paseo esta mañana?
-Bien, ¿no te lo ha contado tu hijo?
-Me ha contado algo sobre un tal Zac, pero esperaba que me lo dijeras tú.
-Ahora mismo no puedo, porque tengo que irme.
-Qué fuerte…
Escuché el pitido de un coche, se me había hecho tarde.
A mi hermana le había faltado tiempo para asomarse corriendo por la ventana del pasillo.
-¡Pues es mono!
-Mira, tu hijo, ¡corre con él!
David vino corriendo a mi habitación y empezó a gritar.
-¡Abajo está tu novio!
Mierda, ahora Selena sacará las cosas de su sitio.
-David, ya te he dicho que no es mi novio.
Como vi que no me iban a dejar tranquila, me fui.
Abajo, cogí un bolso y metí mis llaves y mi móvil. Luego, fui al salón.
-Mamá, voy a salir, ¿me das dinero?
-¿Adónde vas?
-Por ahí.
-¿Con quién?
-Con Zac.
-Creí que te ibas con Óscar.
-He estado toda la tarde con él.
-Evelyn, tenemos que hablar.
-¿De qué?-ala, encima charlita. Y Zac en la puerta.
-Tu comportamiento… has cambiado.
-Mamá, tengo que irme, ¿vas a darme el dinero o no?
-Toma-dijo y me alargó un billete de veinte euros-no vuelvas tarde, por favor.
-Tú no me esperes despierta.
Lo sé, la trataba muy mal. Pero es que desde que me pegó, la cosa ha cambiado.
Salí por la puerta y me encontré con mi Efron y su espléndida sonrisa.

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