lunes, 3 de enero de 2011

Cap.21 Hermanas de sangre... y cotilleos

Me encontraba en mi habitación, sobre mi cama, con los auriculares y un libro. En mis oídos entraba la leve melodía de un piano. El libro era “Tres metros sobre el cielo”. Qué claro lo ve Babi, la protagonista del libro. Step es un gamberro y un violento, y a pesar de ello y de sus diferencias, están juntos y se quieren.
Al recordar las palabras de óscar, estremecí de nuevo.
Cuando lo dijo no daba crédito a lo que oía, me quedé atónita… “Puede que si encuentro una razón para quedarme, lo haga”.
De repente, empezó a vibrar algo sobre mi barriga.
Era Zac. Puse el altavoz para poder seguir leyendo.
-Hola Zac.
-Hola guapísima.
Se hizo el silencio por un momento.
-Estuve esperando a que te conectaras.
-No he estado en casa.
-Pero si te solté allí-como si lo hubiera olvidado.
-Digamos que me esperaban en casa.
-Bueno, ¿podemos vernos hoy?
-Claro, pásate sobre las diez.
-Pues hasta esta noche, preciosa.
-Chao.
Colgué el teléfono.
Miré el reloj, eran las ocho y media, así que aún tenía tiempo.
Dejé el libro sobre la cama y me fui hacia el cuarto de baño para ducharme. Estuve metida bastante tiempo, y me sentó muy bien.
Al volver a la habitación, mi sobrino estaba dormido sobre mi cama. “Me habrá estado esperando y no habrá aguantado” pensé.
Le di un beso y lo tapé con una fina sábana que cogí del armario. Luego, rebusqué algo para ponerme.
No tenía ni idea y me probé muchas cosas.
-Mmm… ¿Vestido azul? No, ese mejor no… ¿Pantalones y camisa? No… ¡Ya sé!
Saqué del armario mi peto azul eléctrico. Se trata de un peto de pantalones cortos y tirantas, ajustado al cuerpo. Cogí del cajón de zapatos mis tacones negros, y una pequeña cinta negra de un cajón superior.
Me puse un sostén sin tirantas y las primeras bragas que cogí. Luego, me puse el peto y tuve que bajar abajo para que me abrocharan la cremallera de atrás. Al volver a subir, ya estaba David despierto.
-¿Dónde vas? ¡Yo quiero ir!
-No puedes, porque voy a un sitio de mayores.
-Da igual, yo voy.
-Madre mía David no empieces… esta mañana te llevé al parque y te compré un helado.
-Mentira, me lo compró Zac.
-Bueno, pues otro día lo llamo y volvemos a ir a dar una vuelta. Podemos pasear a Tobi, por ejemplo.
-¡Pero si Tobi es más grande que yo!-dijo riéndose a carcajadas.
-Pero Zac está muy fuerte y sí que puede.
-Vale.
Por fin, lo conseguí. O eso pensaba.
-¿Mañana?
-David, como me enfade no te llevo nunca más.
-¡Tonta!-dijo y salió corriendo.
Antes de que volviera, cerré la puerta con pestillo. Porque volvería.
Volví a lo mío, que era arreglarme. Me puse la cinta negra al cuello, haciéndome un pequeño lazo bajo la oreja derecha.
Me puse las zapatillas de andar por casa y fui al baño a maquillarme y peinarme. De peinado, me hice una coleta alta y en el flequillo, un tupé. Me tomé mi tiempo para maquillarme, y mereció la pena. Los ojos me resaltaban, con la raya, el rímel, y el pequeño toque de azul difuminado, para que no pareciera un puñetazo.
-¡Evelyn!-me llamó una voz a través de la puerta. Era Selena.
Abrí la puerta y volví al espejo.
-¿Cómo fue el paseo esta mañana?
-Bien, ¿no te lo ha contado tu hijo?
-Me ha contado algo sobre un tal Zac, pero esperaba que me lo dijeras tú.
-Ahora mismo no puedo, porque tengo que irme.
-Qué fuerte…
Escuché el pitido de un coche, se me había hecho tarde.
A mi hermana le había faltado tiempo para asomarse corriendo por la ventana del pasillo.
-¡Pues es mono!
-Mira, tu hijo, ¡corre con él!
David vino corriendo a mi habitación y empezó a gritar.
-¡Abajo está tu novio!
Mierda, ahora Selena sacará las cosas de su sitio.
-David, ya te he dicho que no es mi novio.
Como vi que no me iban a dejar tranquila, me fui.
Abajo, cogí un bolso y metí mis llaves y mi móvil. Luego, fui al salón.
-Mamá, voy a salir, ¿me das dinero?
-¿Adónde vas?
-Por ahí.
-¿Con quién?
-Con Zac.
-Creí que te ibas con Óscar.
-He estado toda la tarde con él.
-Evelyn, tenemos que hablar.
-¿De qué?-ala, encima charlita. Y Zac en la puerta.
-Tu comportamiento… has cambiado.
-Mamá, tengo que irme, ¿vas a darme el dinero o no?
-Toma-dijo y me alargó un billete de veinte euros-no vuelvas tarde, por favor.
-Tú no me esperes despierta.
Lo sé, la trataba muy mal. Pero es que desde que me pegó, la cosa ha cambiado.
Salí por la puerta y me encontré con mi Efron y su espléndida sonrisa.

Cap.20 Encuentros inesperados

No me lo podía creer… ¿qué coño hacía él aquí?
-Hola Bebi-sí, como él solía llamarme.
Allí estaba Óscar, con unos vaqueros, una camiseta blanca a rayas azules y sus Ray-Ban en la cabeza.
Al verlo, mi corazón dio un vuelco y me entró un escalofrío. Todos los momentos vividos, las caricias, los besos… Su mirada, tan penetrante como siempre, como la recordaba. Su pelo alborotado, su cuerpo perfectamente trabajado.
-Mira cielo, cuándo tiempo que no lo veíamos ¡eh!
Mi madre no sabía nada de lo que nos pasó, ella cree que lo dejamos por su mudanza a otra ciudad.
-Hola-fue lo único que me atreví a decir.
-Bueno, yo voy a por algo para picar y así os dejo solos, que tendréis mucho de qué hablar.
Mi madre se fue hacia la cocina con sus típicos andares.
-Estás preciosa-su voz, tan dulce y cálida.
-Gracias. Oye, ¿prefieres que vayamos a algún sitio? No me apetece estar aquí.
-Claro, tengo fuera mi moto.
-¡Mamá, no prepares nada, nos vamos!-grité mientras salía por la puerta.
Al llegar afuera vi la moto sobre la acera que había enfrente de mi casa. Era una Honda CBR-600.
-¿No te darán miedo las motos?
-Más quisieras. Recuerda que hasta hace unos meses era mi vía de transporte-dije dedicándole una verdadera sonrisa. Sé que me había hecho daño, pero no podía evitarlo, era MI Óscar-ahora suelo ir más en coche-sonreí para mí misma ante esa frase.
Me puse un casco que me pasó y me monté detrás de él.
-¿Dónde vamos?
-Ya lo verás, ¡agárrate Bebi!
Hice caso a lo que me dijo y me agarré fuertemente a su cuerpo, posando mis manos sobre su vientre. Podía notar perfectamente sus abdominales a través de la camiseta.
Ir en moto era increíble, el viento mecía mi pelo y acariciaba mi cara.
Yo siempre había querido una moto, pero a mi madre le dan miedo.
-Ya casi hemos llegado-me dijo girando la cara.
Fue reduciendo poco a poco la marcha hasta que se paró.
Entonces fue cuando reconocí el lugar. Estábamos en el restaurante adonde me había llegado en nuestro primer aniversario.
-Óscar, ¿qué hacemos aquí?-pregunté, un poco nerviosa.
-Nada, como es la hora de comer pensé que podía invitarte.
-Sí, pero no aquí… yo me voy.
-Bebi, por favor, déjame invitarte a comer, aunque no sea aquí…
-¡Pero yo elijo el sitio!
-Hecho-mierda, lo había hecho… Óscar había sonreído.
Con esa sonrisa que tanto ansiaba ver. Lo malo, es que ya no podría olvidarla.
Volví a montarme en su moto y lo guié hasta el local adonde quería comer. Acabamos en el Mc Donald.
-¿Este es tu sitio ideal para comer?
-Parece que no me conoces.
Entramos en el local y nos pedimos cada uno un menú.
Ya en la mesa, comenzamos a charlar.
-¿Cómo va la cosa por allí?-pregunté como la que no quiere la cosa. En realidad la pregunta era, “¿tienes novia?”
-Bueno, pues no va nada mal. Me acabo de sacar el graduado, aunque me ha costado, y ahora no sé qué haré.
-Pues estamos igual.
-Pero tú tienes más recursos, hay más cosas que se te dan bien que a mí.
-Ya… y, ¿qué pasó con Clara?
-No te lo creerás, pero sabía que me lo preguntarías.
-Es normal que lo haga, ¿no?
-Bueno, en parte sí. Pues tras aquel… no sé cómo decirlo.
-Polvo-contesté decidida.
-Suceso, queda mejor. No me hacía mucho caso, y yo al contarme mi madre la posibilidad de irme a la otra ciudad, acepté sin pensarlo. Ya había perdido lo más importante de mi vida.
-Claro, Clara ya no te echaba cuenta.
-Qué dices boba, me refería a ti.
-Si yo era lo más importante de tu vida, ¿por qué lo hiciste?
-No lo sé, Bebi… fue todo tan rápido… Clara vino a mi casa diciéndome que tenía que hablar con migo.
-Es una puta.
-No te lo niego-sonrió y me agarró la mano.
Si no separaba la mano en pocos segundos, pasaría algo grave.
-Óscar, quiero irme, por favor.
-¿Ya? Permíteme invitarte a una cosa más.
-¿A qué te refieres?
Volvimos a salir y nos montamos en la moto.
-¿Vas a decirme dónde vamos?
-Al Starbucks.
¡Genial! Me encantaban los batidos de chocolate del Starbucks, con nata montada y chocolate encima.
Óscar, los prefería de caramelo.
Tras pedir el batido, nos sentamos en una mesa en la terraza del local.
-¿Cómo está tu familia? O sea, David, Jenny, Selena…
-Bueno, no están nada mal-sonreí al acordarme de esa misma mañana con Zac y los niños en el parque y la heladería.
-Me alegro-dijo y dio un largo sorbo a su batido.
-Oye, ¿hasta cuándo te quedas?
-Bueno, a decir verdad, no lo sé. Puede que si encuentro una razón para quedarme, lo haga.

Cap.19 Futuro deseado

La situación era perfecta. Como ver el futuro.
Zac conduciendo, con esa carita de concentrado, cantando a todo volumen las canciones que iban saliendo en “Europa FM”. Detrás, un niño en cada extremo con sus cinturones abrochados mirando por las ventanas.
Y yo, delante de copiloto con una sonrisa de oreja a oreja sin poder ocultarlo.
-Te ha comido la lengua el gato, ¿no?-preguntó Zac y los niños se rieron.
-No, sólo pensaba.
Sí… era como ver el futuro… pero el futuro que yo quería.
O no… ¿quién sabe? Ni si quiera yo.
De repente me vino a la cabeza la imagen de Javi.
Tenía que ir a verlo, y hablar con él, pues apenas hacía unos días que me había liado con él y había tenido relaciones sexuales con él. Además, por nada del mundo quería perder su amistad.
Zac me miraba interesado. Quizás un intento de leer las facciones de mi cara.
-¿Qué miras?
-Evelyn, ya hemos aparcado.
Ni siquiera me había percatado que el coche no estaba en marcha.
-¿Y los niños?
-En el parque.
Zac nos había vuelto a traer al parque del principio.
-Pero, ¿qué hora es?
-Las doce y media, les da tiempo a jugar un rato más.
Bajamos del coche y nos sentamos en un banco del parque.
-He estado pensando en ir a ver a Javi.
-Tú verás lo que haces, te metes en la boca del lobo.
-No creo.
No articuló palabra alguna y se hizo el silencio.
Zac estaba preocupado, creía que yo iba a volver con Javi. ¿Lo haría? Tendría que reflexionarlo. Reflexión, ¿qué es eso? Quizás pararte a pensar en tus actos y decidir si son buenos o no. ¿Para qué? Quién sabe, siempre te rayas y lo pasas muy mal. ¿Quién dice que hay que reflexionar? ¿Quién decide realmente lo que es bueno y lo que no? No lo sé. Yo no soy filósofa ni nada de eso, pero quiero hacer las cosas bien… o quizás no.
Después de reflexionar, sólo hay un hecho que está claro, el dolor de cabeza.
Los niños jugaban felices en el parque. Qué tiempos aquellos, cuando nuestra preocupación era ponerse el primero en la fila, o ser el capitán en algún juego… Sin pensar en problemas de otro tipo. A ellos, con un simple caramelo les arreglas el día.
-Evelyn, es casi la hora de comer, ¿os llevo?
-Sí, gracias. ¡David, Jenny, nos vamos!-grité.
Me costó, pero con la ayuda de Zac conseguí llevármelos.
Ya en el coche, Zac sacó una conversación que yo sabía que tarde o temprano sacaría.
-Entonces, vuelves con mi primo, ¿no?
-Ya empezamos… Zac, no tengo que darte explicaciones, y en el caso de dártelas, no te interesarían.
-Ya me sé la respuesta-dijo sonriendo.
-¿Cómo?
-A ver Evelyn, hay una razón, por la que si tú no eres tonta, no volverás a irte con él.
-¿Y se puede saber qué razón es?
-Te gusto-dijo poniendo cada de indiferencia y divertida a la vez-es simple, te gusto.
-Oh, vamos… no digas tonterías-dije y le giré la cara.
En poco tiempo estuvimos allí y los niños bajaron corriendo.
-¿Sigues encabezonada en que no te gusto?
-Es que no me gustas.
-Ay cariño… que negarlo es la forma más directa de afirmarlo.
-Lo que tú digas-salí del coche y él hizo lo mismo.
-Evelyn espera-dijo desde detrás de mí aproximándose a mí.
-¡¿Qué?!-dije y me giré.
Cosa que igual no debía haber hecho. O sí. El caso es que Zac me besó. Posó sus labios sobre los míos de una forma cariñosa y salvaje a la vez. Menudo beso, sin dudarlo, mucho mejor que cuando iba borracha.
Intenté apartarlo, pero él se opuso. Me abrazó por la cintura y yo cansada de intentar apartarlo, lo abracé por el cuello. Nuestras lenguas se unieron formando una. Ninguno de los dos queríamos separarnos, queríamos que el tiempo se parara y que el beso nunca terminara.
Pero claro, tenía que terminar en algún momento, y el momento fue cuando mi sobrino vino corriendo y empezó a gritar.
-¡Ves como has cambiado de novio!
Nos separamos al momento, y nos reímos.
-Yo debería irme-dijo Zac sonrojado.
-Claro, ya hablaremos.
-Después te llamo-me guiñó un ojo y se fue hacia su coche.
Ya dispuesta a meterme en casa, me llamaron por detrás.
-¡Evelyn!
-Ah, hola Sergio-¿nos habría visto?
-¿Qué tal pillina?-Sí, me había visto.
-No sé a qué te refieres.
-Vamos, que te he visto.
-Esto… ni se te ocurra contárselo a nadie.
-¡Pero Evelyn!-dijo mientras yo me alejaba.
Entré en casa y cerré la puerta detrás de mí.
Dios mío… ¿qué había hecho? ¡Había besado a Zac! Bueno… ¡Zac me había besado! Estaba en las nubes…
Al llegar al salón vi alguien que no esperaba ver.
-Cielo, ¡mira quién ha venido!

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Cap.18 Helado de Stracciatella

Ya harta de dormir, me levanté sobre las ocho. Bajé a comer algo y mi madre estaba haciéndose un café.
-¿Cómo te has levantado tan temprano?
-No tenía sueño.
-Hoy ya puedes salir.
-Pues iré a por David y me lo llevaré a algún parque.
-Yo me voy a trabajar, adiós cielo-dijo dándome un beso en la frente como ella solía hacer.
Subí a mi habitación y rebusqué en el armario algo para ponerme. Me decanté por unos vaqueros, un polito rosa y mis converse rosas. El pelo me lo dejé tal cual, ya que no tenía ganas de mirar qué peinado ponerme. Cogí mis llaves, mi móvil y dinero, y llamé a mi hermana mientras salía de casa.
-¿Selena?
-[…]
-Ah, hola Jonathan. ¿Está David despierto?
-[…]
-Genial, ahora me paso a por él para llevarlo a algún parque.
-[…]
-¿Jennifer? Pues que se venga también.
-[…]
-Venga, un beso.
Colgué el teléfono y continué mi camino hacia la casa de mi hermana. No estaba muy lejos, así que no tardaría mucho en llegar. Por la calle había mucha gente, y es que ya se me habían hecho las diez y media.
Cuando llegué, Selena estaba saliendo, así que no tuve que llamar.
-Hola Evelyn, ya me ha contado Jonathan. Entra, están en el salón viendo los dibujos.
-Pero, ¿están listos?
-Sí. Bueno, tengo que irme que llego tarde.
-¿Dónde vas?
-Tengo una reunión. Un posible contrato-me decía alzando la voz mediante se alejaba hacia el coche.
Entré y los chicos estaban viendo Sin Chan.
-¡Tita!-dijo mi sobrino corriendo hacia mí-¿dónde vamos a ir?
-A dar una vuelta, venga vamos.
-Espera que tengo que ponerme los zapatos.
-No tardes.
David subió corriendo para arriba y vino alguien muy entrañable.
-¡Tobi!-el perro me reconoció y vino en busca mía.
Tobi era mi perrito cuando yo era pequeña, pero se lo acabó quedando mi hermana. Es un Labrador, enorme por cierto.
David bajó y Jennifer apagó la televisión. Después, nos fuimos.
-¿Vamos a ir a un parque?-me preguntó Jennifer.
-Claro, y os compraré un helado.
-¡Bien!-dijo mi sobrino saltando-¡el mío de chocolate!
-Que sí, os lo compraré del sabor que queráis.
Fuimos a un parque enorme, con césped, fuente, banquitos, columpios… vamos, de todo. El problema, quedaba muy lejos de casa.
¡Qué energía tenían los niños! Madre mía, no podía con ellos. No sabía como lo hacía Selena. Llamé a Laura, que tenía buena mano para los niños.
-Laura, te necesito.
-[…]
-No, esta tarde no, te necesito ahora.
-[…]
-Estoy en el parque “De la Libertad”, con los niños, ¡y no puedo controlarlos yo sola!
-[…]
-Bueno, si no puedes, no puedes… adiós.
Genial, Lara no podía venir. Quién me manda a mí meterme en esto… Con David solo podía, pero con David más Jenny la cosa cambia. Y no es que Jenny fuera un gran peso, pero cada uno a su bola, corriendo de allá para acá, y con diferentes amigos, etc. Tienes que estar vigilándolos a los dos, y yo es que no podía.
No había pasado más de un cuarto de hora, y no tengo ni idea de porqué, apareció allí Zac.
Yo hice como si no lo hubiera visto, y seguí en mi misión de cuidar a los monstruitos. Era demasiado orgullosa como para admitir delante suya que yo sola no podía, que estaba volviéndome loca. Pero él me vio. Lo supe cuando se acercó a mí.
-¿Una doncella en apuros?
-¿Tanto se nota?-dije con una leve sonrisa-¿qué haces aquí?
-La llamada del salvador.
-Pero otra persona sí.
Laura… solo se le ocurre a ella decirme que no puede venir para mandarme a otra persona que ella vea que puede hacerme… digamos… una “mejor” compañía.
-Genial, y ¿qué te hace pensar que necesito tu ayuda?
-Porque ahora mismo tu sobrino se está peleando con otro niño.
-Mierda, ¡David!
Los dos salimos corriendo hacia mi sobrino y aquel niño moreno. Yo cogí a mi sobrino y Zac al salvaje.
Iba vestido con ropa rota y sucia, y llevaba la cara muy sucia. Tendría unos nueve años. Sólo por la apariencia, se venía que venía de un hogar desestructurado y sin ningún tipo de lujos. O más que lujos, podríamos decir que no tenían métodos para cubrir sus necesidades. Necesidades tan simples como agua para la higiene, o dinero para ropa.
-¡Suéltame hijo de puta!-gritó el niñatillo.
-Mira niño, si tienes huevos de acercas otra vez a este niño.
-Que te den por culo viejo-Zac lo soltó y el niño se fue corriendo.
-David cariño, ¿qué ha pasado? ¿Estás bien?
-El niño, que ha venido y me ha insultado.
-No te acerques más a él-le contesté abrazándolo.
David echó a correr y Zac sonrió triunfante.
-Vale, a lo mejor sí necesito tu ayuda… pero sin ella no me iría tan mal.
-El orgullo te puede-dijo riéndose a carcajadas.
Me quedé callada, porque a decir verdad, Zac tenía razón.
Veo que te han levantado el castigo.
-Sí, y pensé que la mejor forma de disfrutarlo sería saliendo con mi sobrino.
-Oh, qué bonito. Pareces un anuncio de compresas.
-Serás gilipollas…
De repente vinieron corriendo David y Jennifer.
-Tita, ¿y el helado que nos dijiste?
-Pero el kiosco está lejillos, y no vamos a poder volver.
-No os preocupéis, que el tito Zac os lleva donde haga falta.
-Tita, este novio es otro, ¿no? El del otro día era rubio.
-Sí, pero el moreno mola más, ¿a que sí?-dijo Zac divertido.
-Claro, hasta nos va a dar helados-dijo Jenny.
-Bueno, pues vámonos ya-contestó Zac satisfecho.
Zac quería ganarse a los pequeños. Se le veía como pez en el agua, se los ganaría en nada.
Su mirada jugando y bromeando con ellos era como la de un niño.
Nos montamos en el coche y les dije a los niños que se pusieran el cinturón. No tardamos mucho en llegar, pero no a un kiosco, sino a una heladería.
-Ala, pedir lo que queráis-dijo Zac.
-¡No! Sólo un helado.
-Jo tita…
-Nada, sólo uno.
-Qué estricta, ¿no?-añadió Zac.
-A ver Zac, que son niños. Si por ellos fuera se pedirían la heladería entera. Además no está el presupuesto para mucho.
-Que no tonta, que invito yo. Vamos, dime qué helado quieres tú.
-Bueno, pero no te acostumbres a invitarme a cosas-le dije con una sincera sonrisa-me gustaría uno pequeño de Stracciatella.
-Claro, siéntate en la mesa de ahí fuera, ahora voy con los helados.
Cuando Zac llegó, no vino con mi helado pequeño… ni mucho menos. Trajo una copa enorme de Stracciatella con dos cucharitas.
-No te importa que lo compartamos, ¿no?
-Eres increíble tío-le dije riéndome a carcajadas.
-Lo sé.
Los niños se pusieron a jugar en un parque prefabricado que había allí en la puerta.
-Con que tu novio el rubio-dijo poniendo cara pensativa.
-No es mi novio, es que David lo vio en mi cuarto y sacó malas conclusiones.
-¿En tu cuarto? ¿Malas conclusiones? No te ofendas, pero ¿qué coño hacíais para que el niño sacara malas conclusiones?-añadió divertido.
-Pues nada bobo, sólo hablar.
Me miraba con unos ojos que mostraban seguridad. Sí, se sentía seguro conmigo, y yo con él.

jueves, 28 de octubre de 2010

Cap.17 Clara

Clara era una chica morena, alta, vamos un cuerpazo. Tenía cara de niña, pero a la vez de mujer.
Ella era amiga de Sergio, Laura y mía. A la cara era súper buena amiga, pero a la larga nos fuimos dando cuenta de que era una falsa, quería ponernos en contra a los tres, para que le contásemos las cosas y la tuviésemos a ella como la mejor.
Un día, no había quedado con Óscar, pero quería ir a verlo y estar con él. Fui hasta su casa, y la puerta estaba abierta, así que decidí darle una sorpresa. Y tan sorpresa. Subí sigilosamente las escaleras y abrí poco a poco la puerta de su habitación.
Y allí los vi, ella saltando sobre él como una loca, y él uniendo sus gemidos a los de ella. ¿Qué hice? Grité “¡Zorra!”, y salí de allí. Óscar vino detrás de mí, pero le dije que no se me acercara nunca más, que se quedara con ella. Alrededor de un mes después, Óscar se mudó de ciudad. Ahora, Clara va con sus amigas las pijas tirándose a todo ser humano con pene que se le ponga por delante. Se comenta que en sus “fiestas pijama”, se lían entre ellas. Sí, es asqueroso, pero la verdad es que no me extraña viniendo de ella.
-¡Evelyn, el teléfono!-gritó mi madre.
-Cogí el teléfono fijo de arriba, que estaba en el cuarto de mis padres, y me fui a mi cuarto.
-¿Sí?
-[…]
-Sí, estoy conectada.
Pi, pi, pi…
¿Qué querrá Sergio?
Sergio se conectó y me habló rápidamente por Tuenti.
Sergio: ¡Evelyn!
Yo: ¿Qué pasa?
Sergio: es que me he enterado que… ¡Óscar va a venir!
Yo: ¿cómo?
Sergio: que sí, que su madre y la de Elena son amigas, y dice que viene.
Yo: ¿para quedarse?
Sergio: no lo sé, pero aún no viene. Vendrá dentro de un mes o dos.
Yo: Ah, vale. Muchas gracias Sergio, creo que voy a acostarme.
No le dejé contestar y apagué mi ordenador.
Iba a volver. Óscar, mi ex novio, iba a volver. Y eso era… ¿bueno? ¿Malo? ¿Quién sabe? El mayor problema es que aún quedaba sentimiento hacia él en mi interior. No sé si era amor, odio… pero un amor como el nuestro, con lo que yo lo quería, y con todo el dolor que me causó, no se olvida en seis meses. Al menos yo no.
Y ahora, la zorra de Clara, iría a por él. No es que me importara, ella iba a por todos. Sólo faltarían unas semanas para que ella volviera de París, conociera a Zac, y fuera a por él. Zac no era mío, pero yo no iba a permitir que se lo llevara. Sonará egoísta, pero es por el bien de Zac. Para ella, los tíos son como las cámaras de fotos, de usar y tirar. Y cuando digo eso, me refiero a que los usaba como a un perrito faldero, y después se los tiraba. Luego, ni les dirigía la palabra, a no ser que estuvieran buenos, como Óscar.
Me puse a leer un rato, ya que no podía salir y no me apetecía conectarme a internet.
No llevaba mucho tiempo leyendo, cuando me llegó un mensaje al móvil.
“Bebi, no sé si sabes ya que vuelvo a Luna, espero poder verte. Un beso, te quiero”
Bebi. Bebi. Bebi. Sólo él me llamaba así. ¿Por qué? Por dos razones, una es el “acortamiento” de la palabra bebé. Y la otra, venía de “Bebelyn”, que era como me llamaba su hermana pequeña de dos años.
Los rumores eran ciertos, Óscar vendría.
Cada vez que pensaba en él, el recuerdo parecía aún más reciente. El color castaño de su pelo y sus ojos. Sus dientes perfectos, blancos como la misma nieve. Su voz dulce y cálida, su mirada penetrante…
No, definitivamente yo no podía verlo, porque sería como tirarme a una piscina de tiburones, hacerme daño a mí misma… como un mismísimo suicidio.

martes, 12 de octubre de 2010

Cap.16 Castigada

De camino a Luna, me quedé dormida pues ya estaba súper cansada. Al llegar, no tenía muchas ganas de nada, así que quedamos al día siguiente para darle el regalo y yo me quedé en casa.
-¿Cómo está Javi?-me atacó mi madre al llegar.
-Está mejor, ha sido el susto más que nada.
-Sí, mucho mejor. ¡Llamó hace horas para que supieras que estaba aquí! ¡¿Dónde estabas?! ¡¿Es que no pensabas aparecer por casa?! ¡Contesta!
-¡Pero si no me dejas!
Fue tan rápido que ni siquiera recuerdo bien ese segundo. Pero recuerdo el dolor de la bofetada y la mano roja señalada en mi cara.
Subí corriendo a mi habitación, cabreada por una parte y triste por otra, mi madre nunca me había pegado así.
Eché el pestillo y puse la música a todo volumen.
-¡No hace falta decir que estás castigada!
Lo último que oí mientras cambiaba de disco. Después un sinfín de sonidos que dolían en los oídos se apoderaba de mi habitación. Y yo, tenía que estar muy cansada, porque con la música a tope, me dormí.
-¡Ay! ¿Quién ha sido?-una piedrecita que supongo entró por la ventana, me dio en la cabeza- Esta puntería sólo puede ser de Sergio.
Apagué la música, eran las doce y media de la mañana. Me asomé por la ventana. Allí estaba, dispuesto a sacarme un ojo con otra piedra.
-¡No!-grité cubriéndome con un cojín-¡Que me vas a matar capullo!
-Sí, ¿con el tamaño de esta piedra? ¡Muerte súbita!
-Imbécil.
-Nadie me abre la puerta, supuse que dormíais. Qué, ¿bajas o me echas tu pelo para que trepe, princesa?
-No puedo, estoy castigada.
-¿Qué? Pero, ¿qué has hecho rubita? ¡Si tu madre es una santa!
-Sí, santísima. Santísimo es el hostión que me metió ayer.
-Tía pues yo quiero ir a ver a Javi.
-Yo también, joder-los dos nos miramos y sonreímos.
-¿Una aventurilla?
-Dame cinco minutos-entré y volví a asomarme-¡que sean quince!
Apagué el ordenador y fui al baño. Me duché en tiempo récord y me vestí con lo primero que pillé.
Cogí un bolso y metí llaves y móvil. Se lo tiré por la ventana y me dispuse a saltar yo. No era la primera vez que lo hacía, así que no tuve miedo. Por desgracia, Sergio se puso debajo sin darse cuenta, y caí encima.
-Joder, ¡menudo hostión!
-¡Au! ¿Estás bien?
-Sí, menos mal que no pesas tanto.
-Me lo tomaré como un piropo.
Fuimos hacia su moto y cogimos caminito a casa de Javi.
Al llegar llamé a Zac, ya que no estaba allí, estaba sólo Javi. Zac me dijo que venía de camino y que traía lo que le habíamos comprado a Javi.
-¿Mi primo viene?-preguntó Javi desde su sofá.
-Sí, va a venir. Ya estará al caer.
-¡Primo! ¡Mira lo que te traigo!
-Ah, es que ayer te compramos un regalo.
-Am… yo en el hospital, y vosotros de compras.
-Pero Javi…-iba a terminar, pero Zac me interrumpió.
-A ver tío, estuvimos viendo a sus abuelos y fuimos al centro comercial para comprártelo.
-Javi no te enfades, que me han castigado joder…
-¿Qué?-me dijo Zac.
-Sí, estoy castigada.
-Si estuvieras castigada, no estarías aquí-Javi me miraba enfadado.
No sé porqué se enfada tanto, ¿por Zac? Pero si hemos quedado como amigos…
-Se ha escapado para verte, por la ventana-dijo Sergio.
-Pero a ver, ¡¿a ti qué te jode, que se fuera de compras, o que pasara el día conmigo?!
-Permíteme, que te mande a la ¡mierda!-contestó Javi y se fue para arriba.
Dejé la camiseta de “Padre de Familia” que le habíamos comprado porque le encantaba encima de la mesa, y salimos a la puerta dispuestos a irnos.
-Evelyn, ¿quieres que hagamos algo?-propuso Zac.
-No, es mejor irme a casa antes de que se enteren que he salido.
-Déjame llevarte al menos.
-¿No te importa Sergio?
-No, no me importa. Además así me paso a ver a Elena que tengo ganas de verla.
-Gracias-dijo Zac.
Me monté en su ya conocido coche, y como costumbre rutinaria me puse mi cinturón. Costumbre que tenía desde que supe que mi padre murió en un accidente de tráfico. Aunque, por mucho cinturón que tu lleves, como se te cruce un borracho, casi que puedes despedirte de tu vida. Así de dura es la vida, por no decir otro adjetivo que todos conocen.
-¿Cuánto tiempo estarás castigada?
-No lo sé, la verdad.
Paramos en un semáforo que estaba en rojo. Bajé la ventanilla. Tras ella, pude ver en el coche azul eléctrico de al lado, una pareja discutiendo, parecían agobiados.
-¡No puedo creer que te tiraras a esa zorra!-gritaba la mujer rubia de unos cuarenta años.
-¡Cállate! ¡No digas nada delante del niño!-contestaba el hombre moreno, apuesto que de unos cuarenta y cinco. Por la ventanilla de atrás se podía ver un niño de unos cinco o seis años jugando con un cochecito muy contento.
El semáforo volvió a ponerse verde y seguimos nuestro camino.
-Por si no te veo, creo que es hora de darte mi regalo.
-¿Un regalo? ¿Para mí?
-Coge la bolsa del asiento de atrás.
Miré hacia atrás con cuidado, sin saber qué podría esperarme. Sobre el asiento trasero por la parte del piloto, descansaba una bolsa de Disney.
-No puede ser…-es lo único que me atreví a decir.
Con mucho cuidado, y serenando mi entusiasmo, abrí la bolsa y saqué lo que había en su interior. Lo primero que había, era una nota.
“Te quiere, tu Efron”.
Aparté a un lado la bolsa y me dispuse a sacar lo que quedaba en el interior.
Era un peluche blanco, de una textura aterciopelada, con la imagen de Zac Efron.
-Dios mío Zac, ¡me encanta! Pero, ¿por qué?
-Es un pequeño símbolo que hará que te acuerdes de mí.
-No hacía falta tonto.
La verdad, me encantaba. Este chico era… impredecible. Sí, esa es la palabra. Impredecible…
Llegamos a casa y tuve que despedirme de él, aunque no me apeteciera. Era tan mono… me encantaba habernos reconciliado.
-Ya nos veremos-le dije.
-Claro, pero conéctate, ¡eh!
-Por supuesto-sonreí y salí de su coche.
Él se marchó y yo llamé a Sergio por móvil, para que me ayudase. Tenía que darme una escalera, para que subiera a mi habitación. Gracias a dios, la ventana que daba a mi habitación estaba en la parte trasera de la casa, y nadie me vería. Subí y me despedí de Sergio dándole las gracias.
Lo primero que hice al entrar fue conectarme, para ver si estaba Javi. No estaba conectado, y supuse que debía estar comiendo.
-¡Evelyn, es la última vez que te llamo para comer!
Mierda, mi madre me había estado llamando. Bueno, le podía decir que estaba dormida.
-¡Ya voy!
Cerré mi Messenger y me volví a poner el pijama, para que no me preguntaran porqué me había vestido si estaba dormida. Luego, bajé a comer.
El ambiente era muy tenso, Pedro no hablaba, ni mi madre tampoco. Pedro se limitaba a mirar la televisión mientras comía. Las noticias. Parece ser que ha habido un accidente cerca de aquí, dos jóvenes muertos.
-He hablado con la abuela-dijo mi madre sin ni siquiera mirarme.
-¿Y bien?
-Me dijo que pasaste el día allí.
-Ya, eso ya lo sé.
-Pero sigues castigada, porque no llamaste.
-Pues muy bien, no tengo hambre, así que me voy.
Recogí mi plato y me fui arriba. Cerré la puerta de mi habitación con pestillo y volví a conectarme, pero esta vez al Tuenti.
No tenía gran cosa, algún que otro comentario en fotos, e invitaciones a eventos.
De repente Laura me habló.
Laura: Evelyn, ¿dónde te metes? ¿Cómo está Javi? He tenido faenas, por eso no he podido ir a verlo.
Evelyn: Pasé la noche en el hospital. Javi está mejor.
Laura: ¿Toda la noche? ¿Y qué hiciste ayer? No supe de ti en todo el día.
Evelyn: Fui a ver a mis abuelos con Zac, y después fuimos al centro comercial.
Laura: ¿Con Zac? Vaya, veo que volvéis a la carga.
Evelyn: ¿Qué dices? No hemos vuelto a nada, sólo somos amigos.
Laura: Eso por tu parte… ¿o no? Bueno, no te enfades, tengo que irme, chao te quiero.
Laura se ha desconectado.
¿Realmente “volvíamos a la carga”? Yo me llevaba bien con él, y eso me bastaba. Desde lo de Óscar, no había tenido relaciones serias, sólo rollos. Muchos rollos.
Y no me iba mal, aunque claro, teniendo novio todo es maravilloso, ¿verdad? Besos, caricias, piropos, si me apuro también flores y bombones… Sí, pero cuando pillas a tu novio en su cama con tu amiga… el amor pierde emoción.

lunes, 11 de octubre de 2010

Cap.15 Noche en el hospital

Ya me sabía cada detalle de la sala de espera. No nos daban noticias y estábamos atacados. Como no nos dejaban estar allí a todos, solo nos quedamos algunos. Estábamos María José, Adrián, Xiza, Dani, Zac y yo. Sus padres también estaban, lógicamente, pero estaban dentro con él.
Ver a Javi en ese estado me dejó un poco marcada. No me quitaba esa imagen de la cabeza. No podía parar de pensar en él, a pesar de saber que no era tan grave lo que le había pasado. Un coma etílico. Nunca había visto un coma etílico a base de mojitos, pero es que él había tomado muchísimos.
-¿Quieres algo de comer o beber?-me dijo Zac.
-No, gracias.
Estaba tan nerviosa que no quería nada.
María José estaba peor que nadie, y era normal. Si hubiera sido Selena la que estuviera en el lugar de Javi, a mí me daba algo. No quería por nada del mundo estar en el lugar de María José. Pero ella no había tenido que verlo como yo lo vi.
El tiempo que estuve allí fue horrible. No recuerdo cuántas horas fueron, pero fue insoportable.
Ya sobre las cuatro, vino un doctor a preguntar.
-¿Qué es lo que ha bebido?
-Mojito-contestó Zac.
-¿Mezcló con pastillas o algo?-preguntó de nuevo.
-No-dijo Xiza-sólo fue mojito, pero ingirió una gran cantidad.
-Le estamos sacando el líquido del estómago. Después es mejor que pase aquí la noche, mañana podrá volver a casa.
-Doctor-dije rápidamente antes de que se fuera-¿se puede pasar a verlo ya?
-Sólo podrá pasar a verlo una persona.
No tuvimos que pensarlo mucho, entró María José.
Mi madre me llamó, ya que mi hermana le habría contado lo sucedido. Le dije que pasaría la noche con Javi y su familia.
Nos dijeron que no podríamos estar tanta gente, así que nos fuimos a la cafetería del hospital. Estuvimos toda la noche allí, o bien en la cafetería o en la calle.
Sobre las seis, estando Zac conmigo en la puerta, me propuso algo que le sigo agradeciendo.
-¿Tienes frío? Podemos ir al coche.
-Pues no te lo niego, tengo frío.
Fuimos a su coche y me puso la calefacción. Echamos los asientos de adelante hacia atrás y nos tumbamos.
-¿Cómo estás?-me preguntó.
-Bueno, ahora estoy algo mejor, pero aún así no estoy bien.
-Ya verás que todo va a salir bien.
-Eso espero.
Me quedé dormida, y lo sé porque cerré los ojos y al abrirlos era de día.
-Evelyn, ¿estás despierta?
-Sí-dije haciéndome la remolona-¿qué hora es?
-Son las ocho y cuarto. Ya se puede entrar a ver a Javi.
-¿Cómo está?
-No he ido, porque no quería dejarte sola. Ahora vamos los dos.
Pusimos bien los asientos y entramos al hospital.
En la sala de espera estaban Dani y Xiza, ya que entraban de dos en dos y ahora estaban María José y Adrián dentro.
-Nosotros ya hemos entrado, así que ahora podéis entrar vosotros-dijo Xiza.
-Sí por favor, que quiero verle-dije angustiada.
No tardaron mucho en salir y pudimos entrar.
Estaba despierto, gracias a Dios, pues con el último recuerdo que tenía de él, no me apetecía verlo de otra manera que no fuera despierto.
Fui corriendo y lo abracé.
-¡Javi! ¿Cómo estás?
-Estaría mejor si no me gritaras-dijo y me sonrió.
-Nos has dado un buen susto cabrón-dijo Zac dándole una colleja.
-Perdóname, sé que me viste y lo pasaste mal-dijo Javi mirándome.
-No es tu culpa, y no te preocupes ahora por eso-miré a Zac y con la mirada parece ser que se lo dije todo, porque hizo exactamente lo que yo quería.
-Voy a llamar a mi madre, ¿vale? Evelyn a ti te veo fuera, para llevarte a casa. Que te recuperes tío-Zac salió por la puerta y nos dejó solos.
-¿Cuánto tiempo llevas aquí?
-Toda la noche, me vine poco después que tú.
-¿Enserio? Estarás cansada.
-No te creas, he dormido un ratito en el coche con Zac.
-Gracias por venir, enserio. No sabes lo importante que es para mí.
-Que no es nada tonto. Es normal, eres mi amigo y vengo a verte.
-Sí, pero sabes que tú para mí no eres sólo una amiga.
-Javi… me alegro mucho de que estés bien, pero es mejor que me vaya.
-Sí, con Zac…
-Adiós Javi-le dije ignorando su comentario y me fui.
Los chicos estaban en la sala de espera, excepto Zac, que me dijeron que me estaba esperando en el coche.
Entré y me puse el cinturón.
-Cuando quieras. Pero, si no te importa me gustaría ir a ver a mis abuelos, aprovechando que estamos en El Castillo.
-Donde usted desee señorita. Bienvenido a “Transportes Americanos S.L”
Los dos nos reímos y cogimos rumbo a la casa de mis abuelos, que estaba a un ratito, ya que El Castillo era bastante grande.
Tardamos una media hora, ya que él nunca había ido y por no escucharme, se equivocó un par de veces de calle.
Al llegar, llamamos a la puerta, y mis abuelos que son madrugadores estaban despiertos.
-¡Ay mi niña!-mi abuela me abrazó fuertemente-¿qué haces aquí?
-Es que un amigo está en el hospital, y hemos venido a verle. Quería pasar a verlos.
-Pero, ¿cómo está el chico? ¿Qué ha pasado?
-No te preocupes, él está bien.
-Y, ¿quién es este muchacho?-dijo con una sonrisa pícara.
-Es mi amigo Zac.
-Encantado señora.
-No me llames señora, llámame Minerva, que para eso soy joven-dijo riendo y moviendo las caderas.
-Pues encantado, Minerva.
-Igualmente Caz.
-Es Zac abuela, no Caz.
-Bueno, bueno, pasad.
Allí nos bañamos, pues teníamos unas pintas horribles. Yo me puse ropa que tenía allí de otras veces, y Zac se puso algo de Jonathan.
Estuvimos con ella y con mi abuelo, y sobre la hora de comer nos fuimos, aunque nos costó, ya que mi abuela quería que nos quedáramos a comer. Pero Zac, me dijo que quería invitarme él.
Fuimos a un sitio súper romántico: El Burguer King.
Llamadme infantil, pero me pedí el “Menú Diverking”
Soy muy delicada para la comida, y por eso me pido el infantil, con una hamburguesa muy simple: dos panes, dos carnes y queso. Añadiéndole el kétchup, con el que me puse perdida. Aunque era de esperar, viniendo de mí. Él, tan gracioso como era, se reía de mí. Después nos fuimos al centro comercial, que estaba al lado.
-Me siento un poco mal, nosotros aquí divirtiéndonos y tu pobre primo mal.
-No te preocupes, le compramos algo y para cuando lleguemos a Luna, ya estará él allí.
-Genial-dije sonriendo-me parece una idea estupenda.
Estuvimos en tiendas de ropa, incluso en una tienda Disney, que me encantan. Estuve mirando las estanterías, y me paré en la de “High School Musical”.
-¿Otra vez con Zac Efron?
-Sí, ¿algún problema?-dije echándole una mirada asesina.
Seguimos mirando y entre tienda y tienda, encontramos el regalo perfecto.
-¡Este es! Es perfecto para Javi.