jueves, 28 de octubre de 2010

Cap.17 Clara

Clara era una chica morena, alta, vamos un cuerpazo. Tenía cara de niña, pero a la vez de mujer.
Ella era amiga de Sergio, Laura y mía. A la cara era súper buena amiga, pero a la larga nos fuimos dando cuenta de que era una falsa, quería ponernos en contra a los tres, para que le contásemos las cosas y la tuviésemos a ella como la mejor.
Un día, no había quedado con Óscar, pero quería ir a verlo y estar con él. Fui hasta su casa, y la puerta estaba abierta, así que decidí darle una sorpresa. Y tan sorpresa. Subí sigilosamente las escaleras y abrí poco a poco la puerta de su habitación.
Y allí los vi, ella saltando sobre él como una loca, y él uniendo sus gemidos a los de ella. ¿Qué hice? Grité “¡Zorra!”, y salí de allí. Óscar vino detrás de mí, pero le dije que no se me acercara nunca más, que se quedara con ella. Alrededor de un mes después, Óscar se mudó de ciudad. Ahora, Clara va con sus amigas las pijas tirándose a todo ser humano con pene que se le ponga por delante. Se comenta que en sus “fiestas pijama”, se lían entre ellas. Sí, es asqueroso, pero la verdad es que no me extraña viniendo de ella.
-¡Evelyn, el teléfono!-gritó mi madre.
-Cogí el teléfono fijo de arriba, que estaba en el cuarto de mis padres, y me fui a mi cuarto.
-¿Sí?
-[…]
-Sí, estoy conectada.
Pi, pi, pi…
¿Qué querrá Sergio?
Sergio se conectó y me habló rápidamente por Tuenti.
Sergio: ¡Evelyn!
Yo: ¿Qué pasa?
Sergio: es que me he enterado que… ¡Óscar va a venir!
Yo: ¿cómo?
Sergio: que sí, que su madre y la de Elena son amigas, y dice que viene.
Yo: ¿para quedarse?
Sergio: no lo sé, pero aún no viene. Vendrá dentro de un mes o dos.
Yo: Ah, vale. Muchas gracias Sergio, creo que voy a acostarme.
No le dejé contestar y apagué mi ordenador.
Iba a volver. Óscar, mi ex novio, iba a volver. Y eso era… ¿bueno? ¿Malo? ¿Quién sabe? El mayor problema es que aún quedaba sentimiento hacia él en mi interior. No sé si era amor, odio… pero un amor como el nuestro, con lo que yo lo quería, y con todo el dolor que me causó, no se olvida en seis meses. Al menos yo no.
Y ahora, la zorra de Clara, iría a por él. No es que me importara, ella iba a por todos. Sólo faltarían unas semanas para que ella volviera de París, conociera a Zac, y fuera a por él. Zac no era mío, pero yo no iba a permitir que se lo llevara. Sonará egoísta, pero es por el bien de Zac. Para ella, los tíos son como las cámaras de fotos, de usar y tirar. Y cuando digo eso, me refiero a que los usaba como a un perrito faldero, y después se los tiraba. Luego, ni les dirigía la palabra, a no ser que estuvieran buenos, como Óscar.
Me puse a leer un rato, ya que no podía salir y no me apetecía conectarme a internet.
No llevaba mucho tiempo leyendo, cuando me llegó un mensaje al móvil.
“Bebi, no sé si sabes ya que vuelvo a Luna, espero poder verte. Un beso, te quiero”
Bebi. Bebi. Bebi. Sólo él me llamaba así. ¿Por qué? Por dos razones, una es el “acortamiento” de la palabra bebé. Y la otra, venía de “Bebelyn”, que era como me llamaba su hermana pequeña de dos años.
Los rumores eran ciertos, Óscar vendría.
Cada vez que pensaba en él, el recuerdo parecía aún más reciente. El color castaño de su pelo y sus ojos. Sus dientes perfectos, blancos como la misma nieve. Su voz dulce y cálida, su mirada penetrante…
No, definitivamente yo no podía verlo, porque sería como tirarme a una piscina de tiburones, hacerme daño a mí misma… como un mismísimo suicidio.

martes, 12 de octubre de 2010

Cap.16 Castigada

De camino a Luna, me quedé dormida pues ya estaba súper cansada. Al llegar, no tenía muchas ganas de nada, así que quedamos al día siguiente para darle el regalo y yo me quedé en casa.
-¿Cómo está Javi?-me atacó mi madre al llegar.
-Está mejor, ha sido el susto más que nada.
-Sí, mucho mejor. ¡Llamó hace horas para que supieras que estaba aquí! ¡¿Dónde estabas?! ¡¿Es que no pensabas aparecer por casa?! ¡Contesta!
-¡Pero si no me dejas!
Fue tan rápido que ni siquiera recuerdo bien ese segundo. Pero recuerdo el dolor de la bofetada y la mano roja señalada en mi cara.
Subí corriendo a mi habitación, cabreada por una parte y triste por otra, mi madre nunca me había pegado así.
Eché el pestillo y puse la música a todo volumen.
-¡No hace falta decir que estás castigada!
Lo último que oí mientras cambiaba de disco. Después un sinfín de sonidos que dolían en los oídos se apoderaba de mi habitación. Y yo, tenía que estar muy cansada, porque con la música a tope, me dormí.
-¡Ay! ¿Quién ha sido?-una piedrecita que supongo entró por la ventana, me dio en la cabeza- Esta puntería sólo puede ser de Sergio.
Apagué la música, eran las doce y media de la mañana. Me asomé por la ventana. Allí estaba, dispuesto a sacarme un ojo con otra piedra.
-¡No!-grité cubriéndome con un cojín-¡Que me vas a matar capullo!
-Sí, ¿con el tamaño de esta piedra? ¡Muerte súbita!
-Imbécil.
-Nadie me abre la puerta, supuse que dormíais. Qué, ¿bajas o me echas tu pelo para que trepe, princesa?
-No puedo, estoy castigada.
-¿Qué? Pero, ¿qué has hecho rubita? ¡Si tu madre es una santa!
-Sí, santísima. Santísimo es el hostión que me metió ayer.
-Tía pues yo quiero ir a ver a Javi.
-Yo también, joder-los dos nos miramos y sonreímos.
-¿Una aventurilla?
-Dame cinco minutos-entré y volví a asomarme-¡que sean quince!
Apagué el ordenador y fui al baño. Me duché en tiempo récord y me vestí con lo primero que pillé.
Cogí un bolso y metí llaves y móvil. Se lo tiré por la ventana y me dispuse a saltar yo. No era la primera vez que lo hacía, así que no tuve miedo. Por desgracia, Sergio se puso debajo sin darse cuenta, y caí encima.
-Joder, ¡menudo hostión!
-¡Au! ¿Estás bien?
-Sí, menos mal que no pesas tanto.
-Me lo tomaré como un piropo.
Fuimos hacia su moto y cogimos caminito a casa de Javi.
Al llegar llamé a Zac, ya que no estaba allí, estaba sólo Javi. Zac me dijo que venía de camino y que traía lo que le habíamos comprado a Javi.
-¿Mi primo viene?-preguntó Javi desde su sofá.
-Sí, va a venir. Ya estará al caer.
-¡Primo! ¡Mira lo que te traigo!
-Ah, es que ayer te compramos un regalo.
-Am… yo en el hospital, y vosotros de compras.
-Pero Javi…-iba a terminar, pero Zac me interrumpió.
-A ver tío, estuvimos viendo a sus abuelos y fuimos al centro comercial para comprártelo.
-Javi no te enfades, que me han castigado joder…
-¿Qué?-me dijo Zac.
-Sí, estoy castigada.
-Si estuvieras castigada, no estarías aquí-Javi me miraba enfadado.
No sé porqué se enfada tanto, ¿por Zac? Pero si hemos quedado como amigos…
-Se ha escapado para verte, por la ventana-dijo Sergio.
-Pero a ver, ¡¿a ti qué te jode, que se fuera de compras, o que pasara el día conmigo?!
-Permíteme, que te mande a la ¡mierda!-contestó Javi y se fue para arriba.
Dejé la camiseta de “Padre de Familia” que le habíamos comprado porque le encantaba encima de la mesa, y salimos a la puerta dispuestos a irnos.
-Evelyn, ¿quieres que hagamos algo?-propuso Zac.
-No, es mejor irme a casa antes de que se enteren que he salido.
-Déjame llevarte al menos.
-¿No te importa Sergio?
-No, no me importa. Además así me paso a ver a Elena que tengo ganas de verla.
-Gracias-dijo Zac.
Me monté en su ya conocido coche, y como costumbre rutinaria me puse mi cinturón. Costumbre que tenía desde que supe que mi padre murió en un accidente de tráfico. Aunque, por mucho cinturón que tu lleves, como se te cruce un borracho, casi que puedes despedirte de tu vida. Así de dura es la vida, por no decir otro adjetivo que todos conocen.
-¿Cuánto tiempo estarás castigada?
-No lo sé, la verdad.
Paramos en un semáforo que estaba en rojo. Bajé la ventanilla. Tras ella, pude ver en el coche azul eléctrico de al lado, una pareja discutiendo, parecían agobiados.
-¡No puedo creer que te tiraras a esa zorra!-gritaba la mujer rubia de unos cuarenta años.
-¡Cállate! ¡No digas nada delante del niño!-contestaba el hombre moreno, apuesto que de unos cuarenta y cinco. Por la ventanilla de atrás se podía ver un niño de unos cinco o seis años jugando con un cochecito muy contento.
El semáforo volvió a ponerse verde y seguimos nuestro camino.
-Por si no te veo, creo que es hora de darte mi regalo.
-¿Un regalo? ¿Para mí?
-Coge la bolsa del asiento de atrás.
Miré hacia atrás con cuidado, sin saber qué podría esperarme. Sobre el asiento trasero por la parte del piloto, descansaba una bolsa de Disney.
-No puede ser…-es lo único que me atreví a decir.
Con mucho cuidado, y serenando mi entusiasmo, abrí la bolsa y saqué lo que había en su interior. Lo primero que había, era una nota.
“Te quiere, tu Efron”.
Aparté a un lado la bolsa y me dispuse a sacar lo que quedaba en el interior.
Era un peluche blanco, de una textura aterciopelada, con la imagen de Zac Efron.
-Dios mío Zac, ¡me encanta! Pero, ¿por qué?
-Es un pequeño símbolo que hará que te acuerdes de mí.
-No hacía falta tonto.
La verdad, me encantaba. Este chico era… impredecible. Sí, esa es la palabra. Impredecible…
Llegamos a casa y tuve que despedirme de él, aunque no me apeteciera. Era tan mono… me encantaba habernos reconciliado.
-Ya nos veremos-le dije.
-Claro, pero conéctate, ¡eh!
-Por supuesto-sonreí y salí de su coche.
Él se marchó y yo llamé a Sergio por móvil, para que me ayudase. Tenía que darme una escalera, para que subiera a mi habitación. Gracias a dios, la ventana que daba a mi habitación estaba en la parte trasera de la casa, y nadie me vería. Subí y me despedí de Sergio dándole las gracias.
Lo primero que hice al entrar fue conectarme, para ver si estaba Javi. No estaba conectado, y supuse que debía estar comiendo.
-¡Evelyn, es la última vez que te llamo para comer!
Mierda, mi madre me había estado llamando. Bueno, le podía decir que estaba dormida.
-¡Ya voy!
Cerré mi Messenger y me volví a poner el pijama, para que no me preguntaran porqué me había vestido si estaba dormida. Luego, bajé a comer.
El ambiente era muy tenso, Pedro no hablaba, ni mi madre tampoco. Pedro se limitaba a mirar la televisión mientras comía. Las noticias. Parece ser que ha habido un accidente cerca de aquí, dos jóvenes muertos.
-He hablado con la abuela-dijo mi madre sin ni siquiera mirarme.
-¿Y bien?
-Me dijo que pasaste el día allí.
-Ya, eso ya lo sé.
-Pero sigues castigada, porque no llamaste.
-Pues muy bien, no tengo hambre, así que me voy.
Recogí mi plato y me fui arriba. Cerré la puerta de mi habitación con pestillo y volví a conectarme, pero esta vez al Tuenti.
No tenía gran cosa, algún que otro comentario en fotos, e invitaciones a eventos.
De repente Laura me habló.
Laura: Evelyn, ¿dónde te metes? ¿Cómo está Javi? He tenido faenas, por eso no he podido ir a verlo.
Evelyn: Pasé la noche en el hospital. Javi está mejor.
Laura: ¿Toda la noche? ¿Y qué hiciste ayer? No supe de ti en todo el día.
Evelyn: Fui a ver a mis abuelos con Zac, y después fuimos al centro comercial.
Laura: ¿Con Zac? Vaya, veo que volvéis a la carga.
Evelyn: ¿Qué dices? No hemos vuelto a nada, sólo somos amigos.
Laura: Eso por tu parte… ¿o no? Bueno, no te enfades, tengo que irme, chao te quiero.
Laura se ha desconectado.
¿Realmente “volvíamos a la carga”? Yo me llevaba bien con él, y eso me bastaba. Desde lo de Óscar, no había tenido relaciones serias, sólo rollos. Muchos rollos.
Y no me iba mal, aunque claro, teniendo novio todo es maravilloso, ¿verdad? Besos, caricias, piropos, si me apuro también flores y bombones… Sí, pero cuando pillas a tu novio en su cama con tu amiga… el amor pierde emoción.

lunes, 11 de octubre de 2010

Cap.15 Noche en el hospital

Ya me sabía cada detalle de la sala de espera. No nos daban noticias y estábamos atacados. Como no nos dejaban estar allí a todos, solo nos quedamos algunos. Estábamos María José, Adrián, Xiza, Dani, Zac y yo. Sus padres también estaban, lógicamente, pero estaban dentro con él.
Ver a Javi en ese estado me dejó un poco marcada. No me quitaba esa imagen de la cabeza. No podía parar de pensar en él, a pesar de saber que no era tan grave lo que le había pasado. Un coma etílico. Nunca había visto un coma etílico a base de mojitos, pero es que él había tomado muchísimos.
-¿Quieres algo de comer o beber?-me dijo Zac.
-No, gracias.
Estaba tan nerviosa que no quería nada.
María José estaba peor que nadie, y era normal. Si hubiera sido Selena la que estuviera en el lugar de Javi, a mí me daba algo. No quería por nada del mundo estar en el lugar de María José. Pero ella no había tenido que verlo como yo lo vi.
El tiempo que estuve allí fue horrible. No recuerdo cuántas horas fueron, pero fue insoportable.
Ya sobre las cuatro, vino un doctor a preguntar.
-¿Qué es lo que ha bebido?
-Mojito-contestó Zac.
-¿Mezcló con pastillas o algo?-preguntó de nuevo.
-No-dijo Xiza-sólo fue mojito, pero ingirió una gran cantidad.
-Le estamos sacando el líquido del estómago. Después es mejor que pase aquí la noche, mañana podrá volver a casa.
-Doctor-dije rápidamente antes de que se fuera-¿se puede pasar a verlo ya?
-Sólo podrá pasar a verlo una persona.
No tuvimos que pensarlo mucho, entró María José.
Mi madre me llamó, ya que mi hermana le habría contado lo sucedido. Le dije que pasaría la noche con Javi y su familia.
Nos dijeron que no podríamos estar tanta gente, así que nos fuimos a la cafetería del hospital. Estuvimos toda la noche allí, o bien en la cafetería o en la calle.
Sobre las seis, estando Zac conmigo en la puerta, me propuso algo que le sigo agradeciendo.
-¿Tienes frío? Podemos ir al coche.
-Pues no te lo niego, tengo frío.
Fuimos a su coche y me puso la calefacción. Echamos los asientos de adelante hacia atrás y nos tumbamos.
-¿Cómo estás?-me preguntó.
-Bueno, ahora estoy algo mejor, pero aún así no estoy bien.
-Ya verás que todo va a salir bien.
-Eso espero.
Me quedé dormida, y lo sé porque cerré los ojos y al abrirlos era de día.
-Evelyn, ¿estás despierta?
-Sí-dije haciéndome la remolona-¿qué hora es?
-Son las ocho y cuarto. Ya se puede entrar a ver a Javi.
-¿Cómo está?
-No he ido, porque no quería dejarte sola. Ahora vamos los dos.
Pusimos bien los asientos y entramos al hospital.
En la sala de espera estaban Dani y Xiza, ya que entraban de dos en dos y ahora estaban María José y Adrián dentro.
-Nosotros ya hemos entrado, así que ahora podéis entrar vosotros-dijo Xiza.
-Sí por favor, que quiero verle-dije angustiada.
No tardaron mucho en salir y pudimos entrar.
Estaba despierto, gracias a Dios, pues con el último recuerdo que tenía de él, no me apetecía verlo de otra manera que no fuera despierto.
Fui corriendo y lo abracé.
-¡Javi! ¿Cómo estás?
-Estaría mejor si no me gritaras-dijo y me sonrió.
-Nos has dado un buen susto cabrón-dijo Zac dándole una colleja.
-Perdóname, sé que me viste y lo pasaste mal-dijo Javi mirándome.
-No es tu culpa, y no te preocupes ahora por eso-miré a Zac y con la mirada parece ser que se lo dije todo, porque hizo exactamente lo que yo quería.
-Voy a llamar a mi madre, ¿vale? Evelyn a ti te veo fuera, para llevarte a casa. Que te recuperes tío-Zac salió por la puerta y nos dejó solos.
-¿Cuánto tiempo llevas aquí?
-Toda la noche, me vine poco después que tú.
-¿Enserio? Estarás cansada.
-No te creas, he dormido un ratito en el coche con Zac.
-Gracias por venir, enserio. No sabes lo importante que es para mí.
-Que no es nada tonto. Es normal, eres mi amigo y vengo a verte.
-Sí, pero sabes que tú para mí no eres sólo una amiga.
-Javi… me alegro mucho de que estés bien, pero es mejor que me vaya.
-Sí, con Zac…
-Adiós Javi-le dije ignorando su comentario y me fui.
Los chicos estaban en la sala de espera, excepto Zac, que me dijeron que me estaba esperando en el coche.
Entré y me puse el cinturón.
-Cuando quieras. Pero, si no te importa me gustaría ir a ver a mis abuelos, aprovechando que estamos en El Castillo.
-Donde usted desee señorita. Bienvenido a “Transportes Americanos S.L”
Los dos nos reímos y cogimos rumbo a la casa de mis abuelos, que estaba a un ratito, ya que El Castillo era bastante grande.
Tardamos una media hora, ya que él nunca había ido y por no escucharme, se equivocó un par de veces de calle.
Al llegar, llamamos a la puerta, y mis abuelos que son madrugadores estaban despiertos.
-¡Ay mi niña!-mi abuela me abrazó fuertemente-¿qué haces aquí?
-Es que un amigo está en el hospital, y hemos venido a verle. Quería pasar a verlos.
-Pero, ¿cómo está el chico? ¿Qué ha pasado?
-No te preocupes, él está bien.
-Y, ¿quién es este muchacho?-dijo con una sonrisa pícara.
-Es mi amigo Zac.
-Encantado señora.
-No me llames señora, llámame Minerva, que para eso soy joven-dijo riendo y moviendo las caderas.
-Pues encantado, Minerva.
-Igualmente Caz.
-Es Zac abuela, no Caz.
-Bueno, bueno, pasad.
Allí nos bañamos, pues teníamos unas pintas horribles. Yo me puse ropa que tenía allí de otras veces, y Zac se puso algo de Jonathan.
Estuvimos con ella y con mi abuelo, y sobre la hora de comer nos fuimos, aunque nos costó, ya que mi abuela quería que nos quedáramos a comer. Pero Zac, me dijo que quería invitarme él.
Fuimos a un sitio súper romántico: El Burguer King.
Llamadme infantil, pero me pedí el “Menú Diverking”
Soy muy delicada para la comida, y por eso me pido el infantil, con una hamburguesa muy simple: dos panes, dos carnes y queso. Añadiéndole el kétchup, con el que me puse perdida. Aunque era de esperar, viniendo de mí. Él, tan gracioso como era, se reía de mí. Después nos fuimos al centro comercial, que estaba al lado.
-Me siento un poco mal, nosotros aquí divirtiéndonos y tu pobre primo mal.
-No te preocupes, le compramos algo y para cuando lleguemos a Luna, ya estará él allí.
-Genial-dije sonriendo-me parece una idea estupenda.
Estuvimos en tiendas de ropa, incluso en una tienda Disney, que me encantan. Estuve mirando las estanterías, y me paré en la de “High School Musical”.
-¿Otra vez con Zac Efron?
-Sí, ¿algún problema?-dije echándole una mirada asesina.
Seguimos mirando y entre tienda y tienda, encontramos el regalo perfecto.
-¡Este es! Es perfecto para Javi.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Cap.14 Mojitada

Estábamos en mi cuarto, cara a cara. El silencio nos invadió por un instante, pero pronto lo rompió.
-Me ha costado, pero he asimilado que sólo podeos ser amigos y tú estás con mi primo Javi. Dejemos todo esto, y seamos amigos.
-Claro-dije sonriendo.
-Pero una última cosa, ¿de verdad te gusto?-dijo sonriendo.
Yo me limité a sonreír mientras salía de la habitación. Bajamos abajo y estaban sacando la tarta. Nos sacamos unas fotos con el pequeño y con la tarta, y tras cantarle nos la comimos.
Después fueron los regalos, y yo le di mi nintendo DS.
-¡La nintendo! ¡Mira mamá la nintendo!-gritó contento.
-¿Qué se dice?-le dijo mi hermana.
-¡Gracias tita!-dijo y me abrazó.
Mis amigos le trajeron cosillas que le hicieron mucha ilusión.
Aunque claro, a un niño de esa edad cualquier cosa le hace ilusión.
Javi estaba muy pegado y cariñoso conmigo, pero Zac también. A mí me daba cosa, pero ¿qué podía hacer?
Laura me vio preocupada y se acercó a hablar conmigo.
-¿Estás bien?
-Sí, claro.
-No, no lo estás. Te conozco desde niñas, y sé que algo te pasa. La Evelyn que yo conocía estaría súper animada jugando con David, Jenny y los demás niños.
-Es que están los dos tan pegados a mí… y yo los quiero mucho a los dos… no sé, siento como si jugara con ellos.
-Tú no estás jugando con ellos, porque les dejaste las cosas claras. A Javi le dijiste que sería un simple rollo, y a Zac ni siquiera eso.
-Pero no me quedo tranquila.
-Vamos a disfrutar de la fiesta, anda.
Volvimos a la fiesta y nos lo pasamos muy bien.
No quedaba apenas nadie en la fiesta, al menos todos los amigos de David se habían ido. Nos habíamos quedado los amigos de mi hermana y mis amigos. Nos quedaríamos hasta tarde, así que mis padres se fueron a dormir a la casa de mi hermana Selena, y ella dormiría aquí con Jonathan y David, que ya estaba dormido. Estuvimos bebiendo mojitos y contando chistes. El más gracioso era Dani. Zac, Adrián y Miguel-amigo de mi hermana, estaban más cortados pero también participaron. Alguno que otro, con tanto mojito se había quedado traspuesto. Bueno, casi todos. María José, Miguel y Zac aún conservaban la compostura.
-Tengo ganas de echar un meo, ¿dónde voy?-decía Javi, bastante animado.
-Ven anda, que te acompaño-le dije para que o meara en cualquier esquina de mi casa.
Llegamos al baño y entró. Vi que tardaba, así que decidí llamar. No contestaba, y no tuve otra cosa que hacer que entrar.
-¿Javi?-nadie contestó.
Entré y me lo encontré tirado en el suelo, con los ojos vueltos hacia atrás y echaba espuma por la boca.
-¡Javi!-chillé histérica.
Recuerdo ese momento como si hubiera sido ayer. Todos los momentos que había pasado con Javi me vinieron a la mente. TODOS.
Apenas pasaron unos segundos y vinieron Zac y algunos más que no recuerdo, donde yo estaba. Le empezaron a mover incluso le echaron agua por encima. Las chicas llamaron a una ambulancia, y Zac me llevó a mi cuarto, cerró la puerta y me tumbó en la cama.
-Evelyn escúchame. Tienes muy mala cara, y veo el miedo en tus ojos. No habrá sido fácil para ti verlo así. Te prometo que en cuanto te tranquilices un poco, yo mismo cojo mi coche y te llevo.
Yo solo asentí, no podía decir palabra.
Estuvimos allí diez minutos, diez largos e intensos minutos, cuando le dije que quería irme. Al bajar abajo no había nadie, se habían ido ya todos para allá.
-Ponte el cinturón-me dijo estando ya en el coche.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Cap.13 Fiesta de cumpleaños

29 Junio.
Desde aquel día en la casa de Javi, no he vuelto a hablar con Zac. No ayudó que Javi le contara lo sucedido porque según él “quería sincerarse”. No me he enfadado con Javi, pues realmente no sé si lo hizo con maldad. Xiza no me habla mucho, y yo la comprendo. Ahora, María José ha entrado en mi grupo de buenos amigos, de los de verdad con Laura y Sergio.
Hoy era el cumpleaños de mi sobrino, que cumplía siete años. Había invitado algunos amigos a la fiestecilla, como Laura, Sergio, María José-que vendría con Adrián-y Javi.
A Zac no lo invité personalmente, pero le pedí a mi hermana que al invitar a Xiza le dijera que trajera a Zac.
Un poco infantil, pero no quería tener malos rollos con él. Sabía que me iba a costar que entrara en razón y aceptara ser solo mi amigo, pero era un reto que me había puesto a mí misma.
-Tita, ¡dame mi regalo!-me gritaba mi sobrino tirándome los globos que había por el suelo.
-Yo, ya te he dicho que hasta que no soples las velas nada.
Le había comprado una “nintendo DS” roja, que sabía que le iba a gustar. La verdad, he había costado mi trabajito ahorrar, ya que no acepté dinero de mis padres.
A mis amigos les dije que no le compraran nada, que no hacía falta, pero ellos se empeñaron. Comencé a aburrirme de inflar globos y subí a mi habitación.
Puse la música y me eché un rato.
Como era de esperar, me quedé dormida.
-Princesa, despierta-genial, la voz de Javi.
-Hola, ¿qué haces aquí?
-Tú me invitaste, ¿recuerdas? El cumpleaños de tu sobrino.
-Pero, ¿qué hora es?
-La del cumpleaños, así que vamos para abajo.
-Esto… ¿quién hay abajo?
-No, no ha venido.
No contesté, simplemente asentí.
Mi sobrino entró en la habitación, y sacó conclusiones precipitadas.
-¿Ves como era tu novio?-gritó sonriendo.
Bajamos abajo y allí estaban todos mis amigos con los de mi hermana, y los amigos del colegio de David. Vi amigos de mi hermana que hacía tiempo que no veía, como Miguel. Comenzamos a comer bocadillos y chucherías. Pusimos música e hicimos unos juegos para los niños. Hubo cierta pelea entre Jenny y David, pero nada serio. El ambiente era muy bueno, pero yo no estaba bien, faltaba él. No había venido, ni Xiza tampoco.
Javi estaba muy cariñoso conmigo, aunque yo no le echaba mucha cuenta. No lo hacía queriendo, simplemente lo hacía. Empezamos a jugar a la gallinita ciega, y como no, le tocó a la tita.
Me vendaron los ojos con un pañuelo, y pusieron música. Pero por encima de la música, se escuchaban los gritos y las risas de los niños cuando me acercaba a ellos. Toqué algunos niños, pero como no los conocía ni sabía quiénes eran, los soltaba. Era muy mala, no reconocía a nadie. A una persona sí que la reconocí. Reconocí su olor, su pelo, incluso su aliento. También, porque se me puso la piel de gallina con solo tocarlo. Lo notaba presente, era él.
Tenía que hablar con él, como fuera.
-¡Es Zac!-dije quitándome el pañuelo.
Los niños empezaron a gritar y aplaudir y Zac se limitó a sonreírme. Sonreía como antes, como MI Efron.
-Vamos a sacar la tarta-gritó mi hermana-sentaros en la mesa.
Los niños fueron corriendo a la mesa del jardín muy emocionados, y yo me quedé con Zac.
-Zac, quiero hablar contigo.
-Claro.
Fuimos a mi habitación y nos sentamos en la cama.
-Zac, yo…
-No, Evelyn. Déjame hablar a mí.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Cap.12 Los errores se repiten

Los humanos… esos seres que tropiezan dos veces con la misma piedra. Increíblemente cierto. Javi me invitó a comer a su casa, y yo accedí. Me dijo que me arreglara un poco, y para mi sorpresa al llegar allí, era una comidita familiar… genial. ¿Y con qué fin? Para celebrar que Zac se mudaba definitivamente.
Me había puesto un vestido de tirantas rojo con unas sandalias negras, mi bolso negro y el pelo liso.
Antes de sentarnos en la mesa cogí a Javi y me lo llevé a la habitación a la que me llevó y me besó Zac en la fiesta.
-Javi, ¿cómo me traes aquí? ¿A ti tu primo qué te ha hecho hijo mío?
-Mi primo no me ha hecho nada, simplemente quería que estuvieras aquí con mi familia.
-Pero, es que esto para tu primo no es bueno…
-A ver Evelyn, a mí también me gustas. No puedo hacerle nada, y porque le gustes a mi primo no voy a parar… Se supone que si te liaste conmigo tengo más posibilidades ¿no?
-Ay, yo que sé. Vamos anda.
Volvimos a la mesa y allí estaban todos charlando y riendo. Me senté entre Zac y Javi… había que ser muy tonta, pero me senté la última y fue el asiento que me dejaron.
-Bueno, ¿tú eres Evelyn no?-me preguntó la que resultaba ser la madre de Javi-la amiga de mi niño.
-Tita… es amiga de todos nosotros-dijo Xiza mirando a Zac, preocupada-de Javi, Dani, María José, mía… y de Zac.
-Zac no me habías dicho que habías hecho amigas ya-dijo la madre de Zac. Supe que era ella porque había ido de pequeña en un par de ocasiones con mi hermana a la casa de Xiza.
-Sí, la conocí hace unos días-dijo serio y sin expresión.
-Evelyn, tú me das un aire a alguien… pero no sé a quién-dijo la madre de Xiza con cara pensativa.
-Es hermana de Selena, mi amiga-contestó Xiza.
-Ah, ¡la mamá del niño rubio! Qué lindo es, ¿y cómo está?
-Pues muy bien, muy revoltoso siempre-añadí sonriendo.
Comimos entre anécdotas muy divertidas, y después hubo una ronda de chupitos.
-¡Por nuestra nueva vida en España!-dijo el padre de Zac.
Brindamos y los más jóvenes nos fuimos al mismo cuarto que hacía unos días, y que hacía unas horas que había entrado, a hacer el ganso.
-Oye, ¿me traigo la Wii y jugamos un rato?-dijo María José.
-Venga, yo te ayudo-le contestó Adrian, que también estaba allí.
-Pues yo voy a hacer mojitos-dijo Xiza-ven Evelyn, ayúdame-dijo tirándome del brazo hacia la cocina.
Salimos de allí y dejamos solos a Dani, Javi y Zac. También estaban los pequeños. Eran Mitchie y Jeison, primos de Zac y Javi. Americanos, sí. Eran mellizos de diez años, súper graciosos.
Ya en la cocina, empecé a hablar con Xiza.
-Evelyn igual no lo haces queriendo pero tú no sabes el daño que le estás causando a mi hermano… ¿por qué con Javi? Según tengo entendido porque sólo quiere rollo, ¿es que no hay otro tío que solo busque rollo? No quiero echarte la bronca ni nada, sólo quería que lo supieras.
-Xiza yo entiendo que lo digas porque es tu hermano, pero no puedo corresponderle.
-¿Por qué?
-¿Cómo? ¿Qué pregunta es esa?
-Es fácil, ¿por qué? Dilo claro. No te gusta.
-Sí me gusta.
-¿Quién?
-¡Zac!-dije ya alterada.
-Genial, todo lo que necesitaba saber-dijo sonriendo satisfecha.
-Xiza, ¿qué ocurre?
-¡Adiós!
-¡Los mojitos!
-Ya te ayudo yo-dijo Zac saliendo de detrás de la puerta.
-¡¿Cómo?!-grité sorprendida-¿lo teníais planeado?
-Evelyn necesitaba saberlo-dijo sonriendo.
-No hay nada que saber-dije cabreada y me fui.
-¡Evelyn espera!-gritó, aunque lo oía de fondo.
Llegué a la salita, cogí a Javi por el brazo y me dirigí hacia las escaleras.
-¿Dónde vamos?
-¡A tu cuarto!
Subimos las escaleras y llegamos a su cuarto, adonde comenzamos a besarnos salvajemente. Nos tumbamos en la cama, le quité la camiseta y él me quitó el vestido. Seguimos besándonos y acariciándonos por todo el cuerpo. Igual se me fue un poco de la mano, ya que nos dejamos llevar, y pasó lo que tenía que pasar. Gracias a Dios, su casa es muy grande y su habitación estaba al final del pasillo, así si hicimos mucho ruido no nos oyeron.
La verdad me había sentado fenomenal, aparte de a Oscar, a nadie le había entregado mi cuerpo así. Incluso, me había encantado, ni siquiera estaba arrepentida como creía que podría estar.
Y allí me encontraba, tirada en su cama apoyando mi cabeza sobre tu pecho, medio desnuda y medio tapada con una sábana blanca.
Conclusión: ese ser que tropieza dos veces con la misma piedra, no es que sea tonto, es que es humano.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Cap.11 Confesiones

Estaba nerviosa, muy nerviosa. Aún llevaba el pelo húmedo tras haberme bañado, así que fui a secármelo.
No tardé mucho, y decidí conectarme. No había nadie de mi agrado. ¿Decepción? Seguro. Decepción por no ver a Zac conectado, pero claro, había que pensar, que yo no tenía su Messenger. Así, que me conecté al Tuenti. Sí, allí si estaba, pero no pensaba hablarle… que me hablara él. Aunque yo tenía claro que él no iba a hacerlo.
Menudo cacao tenía hecho en la cabeza, nadie se lo podía imaginar. Zac tenía que decirme algo, lo sabía estaba segura, pero no podía. Javi le dijo algo importante a Zac, que no le hizo nada de gracia. Menuda película… para un solo día.
Al fin me habló, menos mal.
Zac: Mira pequeña no voy a andarme con rodeos.
Evelyn: Tú dirás.
Zac: Sabrás que me fui de allí por algo que mi primo me dijo al oído, ¿no?
Evelyn: Sí, algo así.
Zac: Mi primo me pidió las llaves del coche.
Evelyn: ¿Para qué?
Zac: Vamos Evelyn, ya lo sabes… quería llevarte a no sé dónde, y… no sigo.
Evelyn: Vale, vale, lo capto.
Zac: Perdona por haberme ido así antes, es que no entiendo porqué él sí y yo no…
Evelyn: Zac porque tú no quieres rollo… ¡tú quieres una relación seria!
Zac: ¡Pues si quiero una relación seria, es porque te has hecho de querer en muy pocos días!
Evelyn: ¿Cómo? ¿Querer? Zac… Tú… ¿Me quieres?
Zac se ha desconectado.
Genial. Yo sabía que le gustaba, pero querer son palabras mayores. Es que es imposible, en tan sólo dos o tres días… Quién sabe, igual existe el amor a primera vista.
Me rayé un poco, pero de repente entró en la habitación mi sobrino, que esta noche dormiría allí con nosotros.
-¡Tita! ¡Lo he roto! ¡He roto el colgante que mamá me dio! ¡Va a matarme!
-A ver, déjamelo-el colgante era de su padre, de su verdadero padre. Falleció tras dejar embarazada a mi hermana. El colgante era un corazón con perlitas por los bordes y en el centro ponía “DAVID”. El colgante se lo regaló su padre David a mi hermana, y ella le cambio la cadena cuando el pequeño nació para ponérselo a él-no está roto, es que te lo has desabrochado, ven aquí que te lo ponga-se lo puse y se fue gritando “abuela”.
Tenía la cabeza increíblemente loca, sin saber qué podía hacer.
Javi quería llevarme a la cama, cosa a la que igual no me hubiera negado. Zac, me quería. Y supongo que ahora Xiza lo sabía todo, porque corrió tras ellos en la playa.
Y yo quedaba ahora como la mala por no darle una oportunidad a Zac, y sí a Javi, ya que Javi no me quería.
La verdad era raro que yo me rayara, ya que yo normalmente pasaba de todo. Y eso pensaba hacer, estaba pasándolo muy mal, así que decidí pasar de todo y seguir con mi vida como lo hacía antes, sin preocuparme por nada ni nadie. Sé que suena un poco egoísta, pero me daba igual en esos momentos.
Estaba un poco aburrida, así que decidí acostarme.
Por la mañana, me despertó mi sobrino llamando a mi puerta, ya parecía una costumbre. Le abrí la puerta y le dejé entrar.
-David, ¿qué quieres? Que es muy temprano…
-Que no quiero nada.
-¿Entonces por qué vienes?
-No por nada, tu novio, que está abajo.
-¿Qué novio? Cariño, yo no tengo novio.
-Que sí, el rubio-genial, ahora Javi estaba abajo.
No me lo pensé dos veces y con el mismísimo pijama y los pelos de loca bajé abajo.
Estaba allí sentado con un vaso de leche enfrente y al lado de mi madre y de Pedro.
-Ah, buenos días cielo. Oye, tu amigo Javi es un encanto-dijo mi madre.
-Que no, que es su novio-saltó mi sobrino pero yo le tapé la boca.
-¿Qué haces tú aquí?-dije mirando a Javi.
-Pues cielo está desayunando-dijo mi madre sonriendo.
-Pues con vuestro permiso os lo robo, que ya ha comido bastante-le pegué un tirón de la camiseta y no lo solté hasta que no estuvimos en mi habitación.
-¿Se puede saber qué haces tú aquí?-dije un poco mosqueada.
-Es que quería verte-dijo levantando los hombros y poniendo cara de bueno.
-Por esa te vas a librar-dije y le besé.
-Oye, tu madre un encanto ¡eh!
-Sí, sí… hablando de familia, ¿cómo está tu primo?
-Sabía yo que sacarías el temita.
-¿Por qué no? Es mi amigo.
-No veo que te corresponda como amigo.
-Eso da igual, tú dime cómo está.
-Bien, supongo. No lo veo desde anoche.
-Bueno, ¿vas a explicarme qué haces aquí o no?-le pregunté con un poco de retintín.