sábado, 5 de febrero de 2011

Cap.43 De pizzería

-Joder, ¿falta mucho?
-Si quieres puedes irte.
-No tendrás esa suerte rubia.
-Ya queda poco, está a punto de pitar.
Estaba en lo cierto, pitó en pocos segundos.
Mi sobrino salió de los primeros, y vino corriendo hacia donde estábamos.
-¡Javi!-gritó David y se tiró encima de él.
Qué fuerte, me quedé agilipollada.
-Hola enano, ¿cómo estás?
-Bien, ¿por qué habéis venido? ¿Y la abuela?
-La abuela tenía cosas que hacer. Venga, vamos a casa que te hago de comer.
-Pero yo quiero quedarme con Javi.
-No, Javi se va a su casa a comer.
-Joder rubia, yo quiero estar con el chaval.
-Claro, y querrás que te invite a comer a casa, ¿no?
-¡Sí!-gritó David.
-No-dije firme.
-David, tu tía tiene razón-levanté la cabeza satisfecha y David se enfurruñó-no debo comer en tu casa… haré algo mejor. Os invito a comer por ahí.
-¿Qué? Ni hablar. David y yo comemos en casa.
-Yo voy con Javi, tú vete a casa si quieres.
-Venga Evelyn, por favor… mi primo vendrá en unas horas y tú pasarás de todos, entonces no podré verlo…
-Porfa tita…
-Pero sólo hoy, no os acostumbréis.
-¡Bien!-gritó David.
-¡Chócala colega!-los dos chocaron sus manos y seguimos caminando.
Increíble, este tío tiene doble personalidad.
-¿Qué te gusta comer?
-¡Pizza!
-Pues vamos a la pizzería. Siempre que tu tía no diga nada-dijo con chulería.
Lo fulminé con la mirada, pero no dije nada.
Fuimos a una pizzería en “el culo del mundo”, muy escondida, y que ni siquiera conocía.
-Yo quiero una coca-cola. ¿Vosotros?
-¡Coca-cola!-dijo David.
-¡No!-le dije-nada de coca-cola. Yo quiero agua.
-Pues dos coca-colas y una botella grande de agua.
-Bien, en unos minutos pasaré a tomarles nota para comer.
-Claro-dijo Javi.
Qué fuerte, pasa de mí como si nada.
-Javi.
-¿Qué?
-¿Cómo que qué? Que he dicho que el niño no puede beber coca-cola.
-Es que eres muy estricta coño.
-¡Hala! ¡Ha dicho una palabrota! Te lavarán la boca con jabón.
-No pasa nada chavalín, porque cuando los niños grandes las dicen no se ve mal.
-¡Sí que se ve! Tú ni caso David.
-¿Saben ya lo que quieren para comer?
Eché una mirada rápida a las pizzas que salían en la carta, y aunque ninguna me llamaba mucho la atención, ya que no tenía mucha hambre, elegí una mientras mi sobrino y Javi se lo decían a la camarera.
-Evelyn, te está preguntando qué quieres.
-Quiero una margarita, gracias.
La camarera se fue y los chicos comenzaron a charlar, mientras yo me metía profundamente en mis pensamientos y en mi proceso de cagarme en todo lo “cagable” de los tíos.
Cómo va a hacerme esto Zac a mí… y como se atreve Clara a hacer eso, con la de hostias que se ha llevado por mi culpa.
-¡Tita! Tienes sangre, ¿qué te ha pasado?
Mis nudillos volvían a sangrar, y no me había dado ni cuenta.
-No, nada, es que esta mañana me caí. Pero no es nada, eh cariño, voy al baño a lavarme las manos.
Javi me miraba serio, no sé en qué pensaría.
Me levanté y me dirigí hacia el baño. Me lavé las manos y la cara, no me encontraba demasiado bien. Estaba bastante mareada.
Al volver a la mesa, estaban allí las pizzas.
-¡Mira tita, qué pedazo de pizza!
-Pues venga tío, toda para ti, ponte las botas-Javi arrancó un trozo de pizza y se lo puso a David en sus manos.
No podía negarle que como padre sí que sería bueno.

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